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Posted by on abr 9, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró explica lo que hizo grande al equipo de la “Magic Line”

valentin giró explica lo que hizo grande al equipo de la magic line

El equipo de la Magic Line 2004 en el Campo Base: fuimos capaces de construir un compromiso inquebrantable hacia un objetivo común

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Fuimos capaces de construir un compromiso inquebrantable hacia un objetivo común

Pienso que fuimos capaces de construir lo que hace bueno a un equipo: un compromiso inquebrantable hacia un objetivo común; una gran diversidad interna que nos dio fuerza y flexibilidad a la vez; supimos escucharnos y hablarnos con respeto y honestidad y abordamos la crítica de una manera constructiva; nuestra atmósfera de trabajo fue siempre distendida e informal, aunque también intensa y absorbente en la montaña; cuando los hubo, pusimos encima de la mesa nuestros desencuentros y tomamos decisiones por consenso; reconocimos nuestra interdependencia y nos agradecimos la entrega y el esfuerzo; deshicimos el todo el partes y celebramos el logro de las metas parciales; aunque compartimos muchas tareas, practicamos un tipo de liderazgo cooperativo, que fue trasladándose dentro del equipo según la fase del proyecto y el know-how requerido; estuvimos atentos para anticiparnos y evaluar los cambios internos y externos que pudieron poner en peligro nuestra meta común; funcionamos con una modularidad que nos permitió separarnos en dos cordadas de trabajo simultáneo e independiente; y manejamos el calendario sabiendo que el tiempo es siempre escaso, aumentando así nuestras probabilidades de éxito en la montaña, alejados de cualquier relajamiento.

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