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Posted by on abr 11, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró habla acerca del egoísmo que habita en los alpinistas

valentin habla acerca del egoismo que habita en los alpinistas

Jordi Corominas abriendo vía en la Magic Line del K2, entre el Campo 1 (6.400 m) y el Campo 2 (6.900 m)

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Sin dudar regresaría de nuevo a la “Magic Line”, pero sólo de la mano de mis compañeros

La cara más agria de nuestro proyecto, la trágica pérdida de un compañero, fue un zarpazo cruel y en el último momento. Los alpinistas sabemos lo que hay en juego, conocemos nuestra fragilidad y los riesgos que conlleva moverse en un medio que es superlativo en todo: en su belleza y simplicidad, en la provocación que ofrece a nuestros sentidos y también en la dureza e implacabilidad de sus elementos. A pesar de ello nos adentramos, con el egoísmo propio de las pasiones, en este universo que tanto nos llena de sentido, y lo hacemos con toda la cautela, guiados por nuestro juicio, talento y experiencia, pero dejando detrás de nosotros un rastro de inquietud en quienes nos aman y gracias a quienes somos lo que somos y hacemos lo que hacemos.

La pérdida tornó el sueño de nuestra expedición en una pesadilla hasta que, poco a poco, el paso del tiempo nos ha permitido aceptar y amar de nuevo las reglas de las grandes montañas, un territorio emocional donde el logro convive con la pérdida y al que indefectiblemente hemos regresado para hacer realidad otros sueños. “¿Volverías a la Magic Line?”, me han preguntado en más de una ocasión. Mi respuesta es clara: sin dudar regresaría, pero sólo de la mano de mis compañeros, de Óscar, de Tosas, de Coro y, especialmente, de Manel.

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