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Posted by on Oct 16, 2013 in Aprender y aplicar, Valentín Giró

Aprender a emprender: Compromiso del equipo fundador

Aprender a emprender: Compromiso del equipo fundador

Una cuestión esencial: el compromiso del equipo emprendedor

 

En el libro “La Cumbre Infinita – Relato de una expedición, espejo de una empresa” los autores hemos querido utilizar la analogía de la escalada del K2 por la Magic Line, en el año 2004, como espejo de proyectos empresariales que impulsan los emprendedores. Hay tantas historias como emprendedores, tantas como alpinistas, porque no existe un único camino ni una sola forma de alcanzar el objetivo, sino que cada emprendedor dibuja su ruta y escribe su propia historia en base a sus valores, su experiencia, sus compañeros, su suerte.

El emprendimiento, como el alpinismo, son dos culturas hermanas donde las historias se viven y luego se transmiten de generación en generación a través de relatos, que sirven de hitos, de señales, de fuentes de inspiración. De estas experiencias se obtienen conclusiones sobre lo que ha funcionado y lo que no, sobre los obstáculos que pueden aparecer en el camino y la forma de superarlos; son una fuente de ideas y recursos que futuros emprendedores o alpinistas utilizan como guía en sus propias aventuras.

Una cuestión esencial: el compromiso del equipo emprendedor

Si se ha despertado el interés de un inversor, éste no sólo averiguará si existe una verdadera oportunidad de negocio sino que además hará un análisis detallado del equipo emprendedor. ¿Qué compromiso tienen en el proyecto? ¿Qué se están jugando en él? Es muy complicado convencer a un inversor si los principales promotores no se dedican a tiempo completo al proyecto o si no invierten en él al máximo de sus propias posibilidades antes de pedir ayuda a terceros.

Cuando las empresas de capital riesgo para start-up’s invierten en otras empresas, normalmente en sus etapas iniciales, lo hacen con el objetivo de acompañarlas en su crecimiento. Si son exitosas, éstas habrán creado valor al cabo de unos años y dicho valor permitirá a los socios desinvertir con un retorno acorde al riesgo asumido. El capital riesgo es el instrumento que muchos emprendedores utilizan inicialmente para desarrollar sus proyectos más ambiciosos. Y lo hace acompañando a emprendedores que se la juegan de verdad también, sumándose al proyecto empresarial como un nuevo socio, en este caso inversor.

En ese sentido, resulta lógico que para este inversor el equipo sea más importante que las potencialidades de la idea a la hora de decidir entrar o no en un proyecto. Una gran oportunidad con un equipo sin experiencia, o que no esté bien equilibrado y comprometido puede generar un proyecto que fracase con mucha mayor facilidad que un gran equipo con un plan de negocio mejorable. ¿Y qué hace bueno a un equipo? En mi opinión dos cosas muy evidentes y muy difíciles de encontrar: un líder con un alto grado de auto-conocimiento y generosidad, capaz de tirar del carro en los buenos y los malos momentos, y acompañado de unos socios que tengan experiencia y capacidades complementarias.

El proyecto en ese momento pasa a otro nivel, es un salto adelante que ocurre cuando deja de escribirse en primera persona del singular para hacerlo en primera persona del plural; surge un nosotros que convierte al equipo fundador en una unidad soldada con el compromiso y la confianza de sus miembros, en el que todos arriesgan algo personal y valioso (dinero, tiempo, prestigio) en favor de un objetivo común, y eso los hace capaces de comunicarlo y defenderlo con pasión y convicción.

El inversor estará dispuesto a compartir tanto el éxito como el fracaso, de modo que una vez convencido del objetivo que persigue el proyecto, lo que necesita es analizarlo en profundidad, hacérselo suyo y creer en que las asunciones del plan de negocio son correctas. El inversor necesita creer que la oportunidad existe y que el modo de responder a esa oportunidad tal como lo plantea el proyecto es válido. La experiencia me demuestra que no todos los inversores son igualmente válidos, por el tipo de riesgo que están dispuestos a enfrentar, por la cantidad de recursos que se necesitan, etc. Pese a ello, si un inversor potencial finalmente no entra en un proyecto, la razón suele encontrarse en alguno de estos tres motivos: no se le ha conseguido transmitir el valor de la oportunidad; tras un estudio detallado no comparte todas o algunas de las asunciones con las que se ha realizado el plan; o el equipo fundador no le parece capacitado para llevarlo a cabo.

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