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Posted by on Oct 11, 2013 in Aprender y aplicar, Valentín Giró

Aprender a emprender: Planificación

Aprender a emprender: Planificación

El plan de negocio obliga a pensar con precisión en qué, con quién, cuándo y cómo

 

En el libro “La Cumbre Infinita – Relato de una expedición, espejo de una empresa” los autores hemos querido utilizar la analogía de la escalada del K2 por la Magic Line, en el año 2004, como espejo de proyectos empresariales que impulsan los emprendedores. Hay tantas historias como emprendedores, tantas como alpinistas, porque no existe un único camino ni una sola forma de alcanzar el objetivo, sino que cada emprendedor dibuja su ruta y escribe su propia historia en base a sus valores, su experiencia, sus compañeros, su suerte.

El emprendimiento, como el alpinismo, son dos culturas hermanas donde las historias se viven y luego se transmiten de generación en generación a través de relatos, que sirven de hitos, de señales, de fuentes de inspiración. De estas experiencias se obtienen conclusiones sobre lo que ha funcionado y lo que no, sobre los obstáculos que pueden aparecer en el camino y la forma de superarlos; son una fuente de ideas y recursos que futuros emprendedores o alpinistas utilizan como guía en sus propias aventuras.

El plan de negocio obliga a pensar con precisión en qué, con quién, cuándo y cómo

Una vez hemos confirmado que la oportunidad es real, hay que planificar adecuadamente el lanzamiento y el desarrollo del proyecto. Este análisis pormenorizado se concreta mediante la realización de un plan de negocio. Completar este plan obliga a repasar todos y cada uno de los puntos del proyecto, nos hace pensar con precisión en qué, con quién, cuándo y cómo. Muchas personas ven la elaboración de un plan de negocio como un mero formalismo y se lanzan prematuramente; pero mi experiencia me confirma que es un ejercicio necesario para poner a prueba la validez del proyecto mismo y sus probabilidades de éxito, antes de asumir más riesgos o intentar convencer a un tercero de que lo financie. En realidad no es más que responder a una lista de verificación de los elementos esenciales del proyecto: definir el producto o servicio, el mercado, la competencia, la forma y tiempos de producción, los mecanismos de venta, etc.

Cuanto mejor pueda definirse el proyecto en esa primera fase, mayor ambición y probabilidades de éxito tendrá en las siguientes etapas, desde la búsqueda de financiación hasta la ejecución. La definición del proyecto se hace en base a asunciones o suposiciones. Éstas, debido a la variabilidad del entorno, en general no se cumplirán tal y como se ha previsto, es cierto, pero es esencial haberlas pensado bien antes, en la fase de planificación. Saber el por qué de cada asunción realizada nos ayuda a disponer de una hoja de ruta y, durante la implementación, ir corrigiendo a medida que vamos avanzando y despejando incertidumbres. Por eso en la planificación tiene de nuevo un papel esencial la experiencia en el área de actividad del proyecto, que le dará una mayor validez y probabilidad de acierto a las asunciones. Jamás lograremos movernos en un entorno seguro del todo, porque casi nada en la vida lo es más allá del presente y, tal vez, de la muerte. Por eso, cuanta más calidad y precisión tengan las asunciones en la fase de planificación, mejor uso se hará de los recursos, con mayor capacidad de respuesta ante todo tipo de situaciones previsibles e imprevisibles.

Si un alpinista se equivoca, por ejemplo, en el cálculo de los víveres necesarios para su expedición se juega no sólo el llegar a cumbre sino la vida de su equipo; del mismo modo, un emprendedor se arriesga cuando decide que podrá poner el producto en el mercado en seis meses y resulta que en realidad hace falta un año y se le acaban los recursos o se ve obligado a modificar otros aspectos del plan que alteran la esencia del proyecto. Hay errores que pueden costar muy caros en un proyecto con alto nivel de desafío; atender siempre a cada pequeño detalle, con un margen amplio de flexibilidad en la ejecución es lo que marcará la diferencia entre una alta probabilidad de éxito o un fracaso seguro.

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