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Posted by on Sep 18, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Cinco alpinistas unidos por un mismo sueño: la Magic Line del K2

Cinco alpinistas unidos por un mismo sueño: la Magic Line del K2

El equipo de la Magic Line del K2 supervisa el generador adquirido en Islamabad

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Cinco hombres entusiasmados y conectados con un objetivo

“Cualquier itinerario de una montaña empieza antes de iniciar la marcha, y el último paso depende del primero que se da en dirección a la meta (…) cuanto más tiempo hayas preparado el objetivo, cuanto mayor sea la energía que empleas para dar el primer paso, mayor será la motivación más tarde.”

Reinhold Messner, Mover montañas.

A finales de octubre de 2003 el equipo, ya ensamblado, compartía el entusiasmo por el proyecto y por la forma en que queríamos hacerlo. Nos inspiraba una misma forma de entender el alpinismo y unas mismas vías y referentes personales nos unían en nuestras experiencias y sueños en las grandes montañas. Éramos cinco hombres distintos, cinco alpinistas entusiasmados y conectados con nuestro objetivo: íbamos a intentar subir juntos al K2 por la Magic Line, la vía más difícil y comprometida, la más estética y elegante para llegar a la segunda cumbre más alta de la Tierra. Y lo haríamos en el año 2004 para aprovechar la celebración del cincuenta aniversario del primer ascenso absoluto a la montaña por parte de la cordada italiana de Lino Lachedelli y Achille Compagnoni—y que fue posible únicamente gracias al esfuerzo y generosidad del extraordinario Walter Bonatti—, algo que podría favorecer la búsqueda de apoyo financiero, dada la mayor repercusión mediática que se generaría.

No firmamos entre nosotros ningún documento, no era necesario: no había espacio para las vacilaciones ni la desconfianza. Cada uno de nosotros se sentía entusiasmado y privilegiado de intentar afrontar ese reto y de hacerlo formando parte de aquel pequeño y a la vez gran equipo, experimentado, ambicioso y valiente. Cuando personas como Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas o Jordi Corominas, alpinistas con un historial brillante y a los que admiras y respetas, afirman su entusiasmo por un proyecto de esas dimensiones y acuerdan una fecha para realizarlo, no queda espacio alguno para la duda, ese compromiso es un hecho, fuerte y sólido como una roca, y así fue desde aquel primer instante y hasta el último. Hay una especie de magia en el inicio de los proyectos que van a ser especiales e importantes en tu vida, una certeza – cargada de preguntas – que nos hace conscientes de que estamos donde queremos estar y que el camino escogido refuerza nuestra identidad y va a marcar para siempre nuestras vidas.

Ese primer momento no era más que el inicio, la semilla necesaria a partir de la cual iba a ir germinando el proyecto, con sus riesgos y recompensas, sus aciertos y errores, sus dificultades y sus frutos. Pero fue desde el comienzo una semilla fuerte y sana, regada por nuestra motivación y nuestro trabajo constante e incansable. Cuando sabes qué quieres hacer, qué valores y principios irrenunciables van a regir ese trabajo y con quién cuentas en tu equipo para llevarlo a cabo, lo siguiente es pasar a la acción. Y esa acción que se inicia está todavía muy lejos de la escalada, lejos de cualquier resultado en la montaña, de los piolets, de las noches en la tienda sobre el hielo o de los amaneceres que te dejan sin palabras.

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