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Posted by on Nov 21, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

De camino hacia el campo base del K2

De camino hacia el campo base del K2

Ocho días idóneos para la conversación y el ensamblaje del equipo

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Ocho días idóneos para la conversación y el ensamblaje del equipo

La aproximación a la montaña desde Askole significa un período de transición, de transformación individual y colectiva, de aclimatación física y mental. Son ocho días en los que la caravana es como una familia extendida, un pequeño ejército de hormigas que avanzan paso a paso, cruzando paisajes de una belleza casi excesiva, emotiva, cargada de promesas y de exaltación. Y son ocho días esenciales para la conversación tranquila y el ensamblaje del equipo en un ambiente de paz, de camino, de progresiva apertura personal.

Con quien más relación iba entablando en ese camino era con mis compañeros y, poco a poco, con el equipo local del Campo Base, los que nos acompañarían durante toda la expedición: el cocinero Fidha, su ayudante Alí, el mail runner Ikbhal, los dos porteadores de altura Mohammed y Ghulam, y Jalaal, el Oficial de Enlace. Los ochenta porteadores y el shirdar nos iban a permitir llegar con todo el material hasta el Campo Base del K2 y luego se volverían, y aunque era importante estar pendiente de ellos durante el trayecto, era sobre todo con el shirdar con quien la expedición se comunicaba, que estaba pendiente en todo momento de que todo llegase bien al Campo Base.

Durante la marcha de aproximación por el glaciar del Baltoro comenzamos también a digerir experiencias y situaciones que no habíamos tenido tiempo aún de compartir, sobre todo las relativas al trabajo de planificación de nuestra expedición. Poco a poco, desde los primeros días en Islamabad pero especialmente entonces, comenzamos a compartir las múltiples circunstancias a las que cada uno de nosotros se había visto enfrentado, lo mejor y lo peor que habíamos vivido durante la etapa de preparación de la expedición. Volcando todo ello nos fuimos ensamblando cada vez más como equipo.
Pienso que este ajuste vino facilitado además por nuestras personalidades, por el rol que cada uno desempeñaba en el equipo y, sobre todo, por el compromiso que compartíamos respecto al objetivo común. Sin duda, la gran ambición de nuestro reto actuó desde el inicio como un elemento aglutinador y sabíamos que dependíamos estrechamente los unos de los otros para lograrlo. La escalada de la Magic Line sería otra etapa en la que ese encaje interpersonal constructivo seguiría siendo esencial, pero la marcha de aproximación fue sentando las bases de confianza y respeto a partir de las cuales fuimos afianzando la solidez y la cohesión que caracterizó a nuestro equipo.

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