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Posted by on Ene 7, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

El ochomilismo, por Valentín Giró

 

Expedicion de Valentín Giró al K2 - Valentín Giró consultor alpinista autor trainer

El K2 desde el Campo Base (5.100 m) © Expedición K2 Magic Line 2004.

“Inventar recorridos extremos depende de mí. Solo es innovador quien va allí donde no están todos los demás”. Reinhold Messner, Mover montañas.

Haciendo un repaso muy breve por su historia, la aproximación a las montañas más altas de la Tierra tiene su origen en Europa a mediados del siglo XIX, motivado por un afán de exploración (estratégica y militar) y de descubrimiento científico (cartografía, estudios de geología, botánica, fauna, antropología). A partir de inicios del siglo XX (con el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial), el interés se desplaza hacia la conquista de las cumbres más altas del Himalaya, con un fuerte espíritu nacionalista y un despliegue de grandes expediciones de carácter casi militar. Se inician así las escaladas a las montañas de más de ocho mil metros, con oxígeno y por las rutas más accesibles. Francia es la primera en hollar un “ochomil”, logrando la cumbre del Anapurna (8.091 m) el 3 de junio de 1950; Gran Bretaña conquista finalmente el “Techo del Mundo” el 29 de mayo de 1953, el ansiado Everest de 8.848 metros de altura, el mismo año en que, el día 3 de julio, Alemania alcanza el Nanga Parbat (8.125 m), mientras que Italia escala por vez primera el K2 (8.611 m) el 31 de julio de 1954.

Los catorce ochomiles que hay en la Tierra se lograron entre 1950 y 1965, en el llamado “estilo clásico” o “pesado” de las grandes expediciones. A partir de ese momento, el alpinismo de alta cota inicia una etapa de innovación, superados ya los afanes nacionalistas y tomando un cariz más deportivo. Este cambio de paradigma tiene a Reinhold Messner como su inventor y principal protagonista, un visionario que logra revolucionar los principios del “ochomilismo” y de las grandes expediciones pesadas. Messner fue un auténtico emprendedor de las montañas, un innovador que logró demostrar que era posible para un ser humano, a base de preparación y disciplina, escalar sin oxígeno y en solitario (es el más puro “estilo alpino”, de ataque rápido y sin cuerdas fijas) los catorce ochomiles de la Tierra, inaugurando así una nueva era en el “ochomilismo”, en el que se escala con equipos más ligeros y se afrontan objetivos más ambiciosos, explorando nuevas vías, hasta entonces ni imaginadas, más comprometidas y complejas.

Sin embargo, el alpinismo contemporáneo ha dado también lugar a la proliferación de las expediciones comerciales, al coleccionismo de ochomiles y a formas de acercamiento a la montaña que poco tienen que ver con los valores y la dimensión humanista que está en el origen de esta disciplina. Existen muchas formas de aproximarse a la montaña, y la mayoría son válidas y tienen cabida, aunque lo esencial es que cada uno escoja aquella que mejor conecta con sus valores y su sentido, y se una a un equipo que comparta esa misma visión. Así fue en nuestro caso, cuando cinco alpinistas nos unimos para intentar hacer realidad el sueño de escalar la Magic Line del K2, la vía más elegante y difícil de la montaña de las montañas. Tuvimos claro el porqué y el cómo queríamos hacerlo y creamos un proyecto fiel a lo que para nosotros son las raíces del alpinismo, entendido como un desafío de descubrimiento y exploración, donde se acepta la incertidumbre y se persigue la belleza de la montaña por un recorrido estético e inspirador, a la vez que comprometido y exigente. En un reto así nos enriquecemos no sólo como alpinistas sino sobre todo como personas, ya que más allá de lograr el resultado final — siempre condicional— que significa hollar la cumbre, lo que buscamos es el éxito incondicional que significa disfrutar del camino escogido, del proceso construido entre todos.

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