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Posted by on Sep 23, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

El primer reto: La financiación

El primer reto: La financiación

En Askhole realizamos los últimos preparativos de la carga a transportar hasta el Campo Base (5.100 m) del K2

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

El primer reto: la financiación

El tema de los recursos era la primera barrera a superar. Éramos un equipo muy pequeño y con un presupuesto muy bajo comparado con otros proyectos de mayor envergadura y que se llevarían a cabo durante el verano del 2004 en el K2. Pero a pesar de ello necesitábamos un apoyo financiero que nos ayudara a cubrir al menos todos los gastos de la fase de ejecución del proyecto, durante toda la escalada en la montaña. Sabíamos que en nuestra expedición no se iba a remunerar el tiempo invertido durante los meses de preparación, ni tampoco la escalada – en algunas expediciones los alpinistas reciben un salario por ello –. Estaba claro que el apoyo económico debería destinarse a todo aquello relacionado con la ejecución del proyecto en el terreno – viaje, permisos de escalada, seguros, agencia local y porteadores, material técnico, etc. – y al costeo de la infraestructura de comunicaciones, porque queríamos contar nuestra expedición y hacerla llegar al mundo.

Cuando dimensionamos el proyecto y definimos un presupuesto inicial, fue muy importante tener claro que lo íbamos a realizar se encontrara o no patrocinio, y fue así gracias a que Óscar se comprometió a endeudarse con un crédito personal si era necesario. La determinación de Óscar en aquel momento fue una inyección de energía para lanzarnos aún con más empeño al diseño de una estrategia de patrocinio. Su fe en el proyecto, aún a costa de arriesgar sus recursos personales si resultaba imprescindible, reforzó aún más nuestra conexión. Pero como el año 2004 iba a atraer la atención mundial al K2 por el cincuenta aniversario del primer ascenso de los italianos, teníamos que explotar esa oportunidad, manteniéndonos fieles a nuestros principios y a la forma limpia e independiente de realizar la expedición en la creíamos los cinco. Era un buen momento para plantear el proyecto de la Magic Line y confiábamos en poder lograrlo y en contagiar de nuestro entusiasmo a quienes podían ayudarnos a financiarlo.

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