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Posted by on May 28, 2013 in Valentín Giró

Gracias Juanjo, gracias amigos

Gracias Juanjo, gracias amigos

Juanjo Garra (derecha) y Valentín Giró (izquierda), cumbre Broad Peak (8.047), 20 de Julio de 2007 (c) Foto: Ester Sabadell

 

Gracias Juanjo, gracias amigos

Hace unos años tuve la fortuna de formar parte de la expedición de “Al Filo de lo Imposible” al Broad Peak (8.047 m) con un equipo de grandes alpinistas, Juanjo Garra estaba entre ellos. Recuerdo que una noche, en el Campo 2, a 6.200 metros, sufrí una fuerte intoxicación con vómitos que acabó con todas mis fuerzas, no podía ni abrir la cremallera del saco para incorporarme. A mi lado, mi compañero, José Ramón Agirre “Marron”, no pegó ojo ni un segundo; me hidrató, me abrigó, me cuidó y me dio fuerzas para regresar al Campo Base. Sentí su generosidad, mi agradecimiento y un gran orgullo de ser su amigo y eso me conectó con mi tarea: dar un paso y luego otro para llegar abajo.

Eso mismo es lo que hizo Marron durante tres noches en el Collado Sur del Everest, a 8.000 metros de altura, cuando auxilió al conocido sherpa Ang Rita que agonizaba en su tienda a consecuencia de una intoxicación. Marron, que iba esos días para cumbre, abortó entonces su ataque y, sólo tras recuperar a Ang Rita, regresó días después hacia su objetivo: el techo del mundo, que alcanzó el día 16 de mayo. Aquella noche en el Broad, como entonces en el Everest, Marron mostró con su ejemplo el valor del compañerismo y la solidaridad.

Mi recuerdo ha viajado estos días al Broad Peak, cuando seguía con inquietud el intento de rescate de Juanjo en el Dhaulagiri (8.167 m). Inmovilizado a causa de una fractura, a casi 8.000 metros de altura, a la intemperie sin tienda ni saco, acompañado, eso sí, por Kheshap sherpa, uno de sus compañeros de cordada. Conocí a Juanjo en la montaña y fuera de ella y estoy seguro de que, junto con la mirada de sus seres más queridos, la generosidad que estos días recibió de Kheshap y de otros muchos alpinistas que acudieron en su rescate le dieron fuerza y calor para resistir, casi hasta el final.

El gran Bonatti (1930 – 2011) dijo en su día: “La montaña me ha enseñado a no hacer trampas, a ser honesto conmigo mismo y con lo que hago. La montaña es una escuela indudablemente dura, a veces incluso cruel pero sincera, lo que no siempre sucede en la vida diaria”. Posiblemente la montaña sea como un escenario binario, de blancos y negros, que nos invita a ser honestos, con nosotros mismos y con los demás, especialmente en los momentos más duros y crueles como el que ahora le ha tocado vivir a Juanjo.

Quienes escalamos ochomiles sabemos que transitamos por una delgada línea que separa la alegría del dolor, también la vida de la muerte. Siendo honestos con nosotros mismos reconocemos que en realidad somos aquello que, sin esperar nada a cambio, entregamos a los demás y que, cuando las cosas se ponen duras, debemos cuidar al otro como nos gustaría que nos cuidasen. La montaña está unida a nuestra realidad cotidiana, pero con qué frecuencia echamos en falta esa generosidad en nuestro día a día. Tampoco soy un iluso y sé que el pequeño mundo del alpinismo no escapa de las riñas, rivalidades y envidias que vivimos también en nuestros días en otros ámbitos sociales.

Afortunadamente, el Himalaya ha sido testigo estos días del valor de la generosidad, el compañerismo y el compromiso en acción. El de Kheshap sherpa, asistiendo a Juanjo, el de Manuel “Lolo” González, el compañero que avisó del accidente, el de dos sherpas que primero llegaron allí donde los dos alpinistas estaban inmovilizados, el de Dominik Mueller de la expedición alemana, y el del grupo aerotransportado desde el Campo Base del Everest formado por Ferran Latorre, Alex Txikon, Damián Benegas, Jorge Egotxeaga, apoyados por un sherpa. Y el de las muchas personas que, en la distancia, la familia y amigos de Juanjo, junto con Sebastián Álvaro, activaron el rescate y lo siguieron y nos lo contaron minuto a minuto.

Gracias amigos por recordarnos estos días que así se ha escrito y se escribirá siempre la historia del verdadero alpinismo. A ti, Juanjo, gracias por resistir, casi hasta el final, gracias por legarnos tu sonrisa, tú generosidad y honestidad, con la que ahora seremos mejores.

Firmado:

Valentín Giró

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