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Posted by on Sep 16, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Jordi Corominas proteje y vela por su esencia personal y alpínistica

Jordi Corominas proteje y vela por su esencia personal y alpínistica

Jordi Corominas se auto-fotografió cerca de la cumbre del K2, en su ascención por la vía Magic Line, el 16 de agosto de 2004. A la izquierda se distingue la silueta del K2, proyectada en el horizonte al atardecer.

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

El equipo necesitaba la experiencia y autonomía de Jordi Corominas

Jordi Corominas, “Coro”, siempre me ha parecido una persona espiritual, muy noble y que lleva sus éxitos con la misma discreción con la que lleva su vida en un pueblecito del Valle de Benasque. Durante el invierno, Coro combina sus ascensiones y escaladas con su actividad de monitor de esquí para personas discapacitadas. Siempre se ha mantenido todo lo ajeno que ha podido a las contrapartidas en imagen y publicidad que su notoriedad profesional y sus logros le han podido ir brindando a lo largo de su carrera. Por ejemplo, recuerdo que nos costó mucho convencerle para que se dejara entrevistar por los medios cuando volvimos del K2… ¡en esas cosas puede llegar a ser duro de pelar!, pero siempre desde una postura de coherencia consigo mismo y con sus principios. Sabe muy bien lo que quiere y lo que no quiere, lo que le gusta y lo que no, y costó convencerle (no lo logramos) de que los periodistas no son siempre una especie hostil, pero ¡así es Coro!, un hombre muy especial, con todo lo genial y lo complejo que esa palabra implica.

Coro entró en el proyecto sin haber escalado con ninguno de nosotros antes, salvo con Tosas, claro. Él escoge muy bien con quién escala en sus proyectos personales y no suele cambiar su cordada habitual con Tosas o con Oriol Baró. Coro necesita ese ambiente de confianza, de conexión de valores y de respeto total por su espacio y su intimidad con la montaña. Por eso encajó en nuestro equipo de “Magic Boys”, porque junto con esa alineación de objetivos y maneras, de credibilidad y compromiso, mantuvimos entre todos nosotros un profundo respeto. El equipo necesitaba su experiencia y su gran autonomía, y aprendimos a convivir con los momentos en los que él quería estar consigo mismo y con su mundo. Coro fue un puntal esencial de la cordada, lo dio todo en la escalada y se mantuvo siempre fiel al proyecto hasta sus últimas consecuencias, hasta alcanzar la cumbre del K2 por la Magic Line, una gesta individual irrepetible y sin duda un gran logro colectivo.

Después de aquella aventura que nos unió y nos llevó a la cumbre del K2, los “Magic Boys” hemos seguido nuestros caminos, nuestras particulares vías y retos personales, que nunca se acaban para un alpinista. Lo que compartimos entonces, lo que vivimos, lo que perdimos y lo que logramos juntos, todo eso pervive en cada uno de nosotros y nos une, nos mantiene encordados de por vida a una experiencia única que, ahora que he dibujado el retrato de cada uno de ellos y están aquí conmigo, me siento dispuesto a relatar, como quien toma un cuaderno y escribe al despertar de un sueño.

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