Pages Menu
Categories Menu

Posted by on Jun 20, 2015 in Aprender y aplicar, Liderazgo basado en valores, Valentín Giró

Las montañas de la mente

07 Mount Kailash South Face First Full View At Crest Of Ridge On Mount Kailash Inner Kora Nandi Parikrama

El monte Kailash (6.638 m), en Tíbet, considerado sagrado por hinduistas y budistas, y cuya escalada está prohibida

Las montañas son escenarios naturales de una fuerza y una belleza descomunal, un territorio que alberga la vida en los valles y que la reduce drásticamente en las alturas, un universo que nos atrae con fuerza y que evidencia al mismo tiempo nuestra insignificancia como seres humanos. Durante siglos las montañas han sido, en las distintas culturas, el reino de lo desconocido, de lo misterioso y sublime, también de lo considerado sagrado por numerosas tradiciones.

En el Judaísmo, el monte Sinaí ocupa un lugar especial ya que se considera el lugar donde Dios entregó el Torá a Moisés, el texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo Israelita. El monte Fuji representa para la nación japonesa el símbolo sublime de la belleza y el espíritu. La remota cumbre del monte Kailash, en el Tíbet occidental, se considera sagrada para las tradiciones budistas e hinduistas. Las montañas son en realidad producto de una colaboración entre la forma física del mundo y la imaginación y el espíritu humano: «las montañas de la mente«, como Robert Macfarlane las describe en su  libro «Las montañas de la mente: historia de una fascinación».

Nos dice Macfarlane: «Y la actitud de las personas respecto a las montañas tiene muy poco o nada que ver con la roca y el hielo que son en sí mismas. Las montañas no son más que contingencias geológicas. No matan ni agradan deliberadamente: toda propiedad emocional que posean les es adjudicada por la imaginación humana. (…) Las montañas son también producto de la percepción humana: su existencia se ha imaginado a lo largo de los siglos«. El ser humano construye siempre sentido y significado a partir de lo que observa, en base a sus creencias, limitaciones y conocimientos. Probablemente la fuerte atracción que muchos sentimos hacia las montañas se explique, al menos en parte, porque su ascensión representa una sencilla y nítida metáfora de la propia vida.

Post a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *