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Posted by on Ene 29, 2013 in Liderazgo basado en valores, Valentín Giró

Las tres dimensiones del liderazgo efectivo

 

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El liderazgo efectivo se consigue mediante logros, solidaridad e integridad. Valentín Giró.

Estas reflexiones parten de los aprendizajes y programas de formación que Valentín Giró realiza como Consultor de Axialent, empresa creada por Fred Kofman especializada en el desarrollo del liderazgo y procesos de cambio cultural en las organizaciones. Fred Kofman es además el autor de Metamanagement y Conscious Business.

 

¿Cuáles son las tres dimensiones del liderazgo efectivo?

Las tres dimensiones del liderazgo consciente y efectivo son:

  1. La personal: la persona (el sujeto; “Yo”)
  2. La interpersonal: las relaciones (la comunidad, “Nosotros”)
  3. La impersonal: la tarea (la organización, “El ello”)

La efectividad como líder la alcanzo cuando, en cada una de estas dimensiones, soy capaz de mostrar, con mi propio ejemplo:

  • Integridad, a nivel personal: conectando con mi propósito y viviendo los valores en coherencia con mis comportamientos.
  • Solidaridad y confianza, a nivel interpersonal: mostrando honestidad, competencia y responsabilidad con mi equipo.
  • Logro, a nivel de tarea: enfocándome con determinación en las tareas que deben llevarme a conseguir los objetivos.

¿Cómo definimos Logro, Solidaridad e Integridad? ¿Por qué las organizaciones deben aspirar a materializar estos tres valores de forma conjunta?

Al hablar de logro nos referimos a la obtención de un resultado satisfactorio en la realización de una determinada tarea. Toda empresa debe lograr resultados para sobrevivir, pero son las personas las que los hacen posible. La solidaridad es el fruto de la cooperación, la aceptación y el apoyo, el reconocimiento y el respeto mutuo entre las personas; algo esencial para que las personas se comprometan de lleno y, por tanto, para que la empresa tenga éxito a largo plazo. Por integridad entendemos la coherencia que una persona muestra entre sus valores personales y un comportamiento que tiene en cuenta tanto la propia felicidad como la de los demás.

Cuando valoramos a alguien como una persona íntegra la clasificamos, en nuestro fuero interno, como confiable. Alguien íntegro resulta entonces para nosotros confiable, es decir: honesto, competente y responsable. Cuando las personas encuentran sentido a lo que hacen, se entregan a ello con entusiasmo y son felices. Obviamente, son también más eficientes en su trabajo y en la organización. Las organizaciones que promueven la realización de las personas logran construir redes sólidas de colaboración que hacen posible el logro de resultados. Integridad, solidaridad y logro conforman por tanto un sistema interdependiente; sin lo primero difícilmente se logrará lo último.

A menudo la empresa se contempla únicamente desde la dimensión impersonal de la tarea, como un ejercicio más o menos complejo de estrategia y de administración de recursos. Los directivos se enfocan entonces hacia lo que son resultados de rentabilidad (proporcionar la máxima retribución a los accionistas), dejando a un lado otras dimensiones (personal e interpersonal) y secuencias (plataforma y proceso).

Algo parecido a jugar un match de fútbol con la única idea en mente del resultado final. Pensar en ganar es necesario, pero no es garantía suficiente de poder lograrlo; tan o más importante es cómo juega el equipo y cómo se entregan los jugadores. Un equipo donde los jugadores colaboran y se sienten a gusto puede dar lo mejor de sí. Como en un equipo de fútbol, en una empresa donde las personas son felices y cooperan con los demás, las posibilidades de lograr determinados resultados son mayores.

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