Pages Menu
TwitterRssFacebook
Categories Menu

Posted by on feb 15, 2016 in Aprender y aplicar, Liderazgo basado en valores, Valentín Giró

Jim Collins: lecciones de liderazgo de un escalador (1 de 2)

climbing_2603711b

Jim Collins, consultor y profesor durante 7 años de la Standford School of Business y autor del best seller empresarial “Good to Great”, se define – sobre todo – como un consumado escalador de roca. Jim vivió durante años en Boulder (Colorado), que es una de las localidades más reconocidas en Estados Unidos en el mundo de la escalada, y allí abrió y encadenó vías de alta dificultad. En sus artículos y publicaciones[1], Collins señala que la escalada ha sido siempre su principal escuela y fuente de aprendizaje, tanto para la vida como para la empresa y, fruto de sus vivencias en la roca, ha extraído reflexiones interesantes para quienes afrontan la compleja ascensión de sus carreras profesionales.

Primera lección: Darlo todo,… o abandonar

La escalada libre en roca, la modalidad en la que el escalador usa únicamente su propia fuerza sin la asistencia de medios artificiales, es tremendamente exigente en términos físicos y, sobre todo, mentales. Si bien en la escalada libre el escalador protege su progresión con seguros intermedios, el desafío consiste en abrir la vía “a vista” (es decir, sin la referencia de alguien que la haya escalado anteriormente y que desvele los pasajes clave de la ruta) sin ninguna asistencia.

En vías de alta dificultad, el escalador se encuentra a menudo ante pasajes clave que, a primera vista, se antojan imposibles, auténticos desafíos a las leyes de la física y a la fuerza de la gravedad. Por ejemplo, la progresión a través de minúsculas fisuras o anclajes para manos y pies en paredes extra plomadas. En estos momentos clave, donde la progresión se antoja imposible, es cuando el corazón y la cabeza nos hace darlo todo o, por el contrario, nos lleva a abandonar en el intento.

Cuando lo damos todo, venciendo el miedo, el dolor, el ácido láctico y la incertidumbre, podemos lograr superar ese pasaje casi imposible, o no. A menudo nos caemos, quedando suspendidos del vacío en la seguridad de la cuerda que nos une al compañero que nos asegura desde abajo. Pero, aún en este caso, sentimos satisfacción en nuestro interior: hemos intentado progresar, por todos nuestros medios, aunque la caída haya sido el resultado final. Como Collins señala: If you don’t stretch you don’t know where the edge is”.

Renunciar a darlo todo equivale a abandonar, a dejar pasar la oportunidad de mostrar todo nuestro potencial,… equivale a quedarnos prisioneros de nuestras creencias limitantes: “No voy a poder, no lo conseguiré, no vale la pena que lo intente”. Para un observador externo, quizás el resultado de los dos escaladores – el que lo da todo y cae sin conseguir el paso y el que renuncia a intentarlo – pueda parecer idéntico (ninguno de los dos consigue abrir la vía de escalada), pero sin embargo no lo es. Aquel que lo da todo, triunfa y se fortalece de cara al futuro, mientras que el que renuncia deja de creer en sí mismo y limita su aprendizaje.


[1]  “Upward Bound – Nine Original Accounts of How Business Leaders Reached Their Summits”, Michael Useem, Jerry Useem & Paul Asel (Crown Business, 2003).

Post a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>