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Posted by on mar 14, 2016 in Aprender y aplicar, Liderazgo basado en valores, Valentín Giró

La tolerancia a la frustración

Frustration

Recojo en este post alguna reflexión personal a partir de la lectura de un libro especialmente estimulante y singular, por el rigor y seriedad con que aborda la materia: “Inteligencia espiritual y deporte”, del profesor de Filosofía y Teología Francesc Torralba e Ismael Santos, ex deportista profesional y guía de montaña en la actualidad.

Los seres humanos fabricamos sueños y tenemos objetivos que aspiramos a hacer realidad. Por ello, la frustración aparece cuando nos damos cuenta de la distancia que existe entre el ideal que nos hemos propuesto y la realidad que hemos conseguido. La vida, también el deporte, nos acerca a menudo a este estado emocional que, cuando aparece, nos hace sentir enojo, ira o desesperación. La forma honesta de enfrentarnos a la frustración no es echando la culpa a los demás – aun asumiendo que puedan ser parte del problema – sino explorando dentro de nosotros mismos lo que ha ido mal y dónde hemos fallado. Tolerar la frustración es aprender a convivir con ella a pesar de que no sea agradable, sin dejarnos vencer por ella y siendo capaces de seguir adelante con nuestros proyectos, reorientándolos en lo que creamos conveniente.

Hoy en día, el nivel de exigencia y competitividad en el deporte, especialmente a nivel profesional, es tan alto que sólo unos pocos llegan a la cumbre. Es muy importante, en consecuencia, que los deportistas aprendamos tolerar la frustración, ya desde muy jóvenes. Perder no equivale a frustrarse cuando uno sabe que lo ha dado todo y más. También en ocasiones uno gana y se puede sentir frustrado, porque sabe que no ha jugado bien y que ha cometido muchos errores.

Como apunta Francesc Torralba: “El fracaso no depende, como fácilmente se piensa, del resultado. Solo llega cuando la actitud no ha sido la correcta (…). Por ello, uno solo se siente fracasado cuando algo dentro y no fuera de él ha fallado (…). Cuando uno vive pendiente de los resultados, de los frutos de la acción, deja de gozar de la propia acción, porque esta se convierte únicamente en un instrumento para obtener los resultados. La clave está en gozar con la ejecución de la acción, la que sea, independientemente de los resultados”.

 

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