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Posted by on mar 7, 2016 in Aprender y aplicar, Liderazgo basado en valores, Valentín Giró

Saber ganar y saber perder

success & failure

Recojo en este post alguna reflexión personal a partir de la lectura de un libro especialmente estimulante y singular, por el rigor y seriedad con que aborda la materia: “Inteligencia espiritual y deporte”, del profesor de Filosofía y Teología Francesc Torralba e Ismael Santos, ex deportista profesional y guía de montaña en la actualidad.

“¿Qué es ganar y qué es perder para un deportista? ¿Qué es el éxito? ¿Qué es el fracaso? (…) ganar y perder no siempre tienen relación con el resultado final objetivo. El verdadero significado de ganar y perder y del éxito del fracaso lo dan la actitud y el comportamiento con los cuales se ha jugado el partido o se ha corrido la carrera, antes, durante y al término de estos, y lo que se haya aprendido durante ese proceso”.

En el deporte, al igual que en la vida, ganar alimenta el ego y perder lo doma, ya que la derrota es un espejo donde uno debe mirarse para aprender y poder mejorar. Un deportista debe aspirar a ganar, de forma honesta y dando siempre el máximo de sí mismo. Las derrotas más duras y que más cuestan de aceptar (pero que son de las que más se aprende) son, precisamente, aquellas en las que uno pierde, a pesar de haber de haberlo dado todo.

Sabe perder quien, en un ejercicio de transparencia y lucidez hacia uno mismo, reconoce – sin excusas ni auto-engaños – que las cosas no han salido bien y es capaz de aceptar justamente al ganador. Sabe perder quien no desfallece y vuelve de nuevo a entrenar, otra vez, conectado con su propósito.

Ganar conlleva un crecimiento en auto-estima y afirmación personal, pero saber ganar también comporta hacerlo con discreción, sin caer en la vanidad, reconociendo a los rivales. Sabe ganar quien, tras la victoria, vuelve a entrenar con ahínco y sin dormirse en los laureles.

En la montaña, no hacer cumbre no significa una derrota sino todo lo contrario, especialmente cuando lo hemos dado todo para llegar hasta lo más alto. A menudo sucede que no es posible alcanzar la cima; bien sea por peligros objetivos o por condiciones meteorológicas desfavorables, o por problemas de salud, de condición física o de estado anímico. Dar media vuelta puede resultarnos entonces más difícil que seguir hacia arriba, pero habla de nuestra madurez como alpinistas. Sí sería una derrota no atender estas señales y ponernos en peligro, atrapados probablemente por nuestro ego.

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