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Posted by on Nov 20, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Los últimos preparativos en Islamabad antes de partir hacia Baltistán

Los últimos preparativos en Isalmabad antes de partir hacia Baltistán

A medida que transcurren los días el equipo de la Magic Line del K2 se va acoplando

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

A medida que transcurren los días el equipo de la Magic Line del K2 se va acoplando

También en esos días, desde la salida de Barcelona y especialmente en los momentos de trabajo en Islamabad, solíamos darle una y otra vuelta a todos los detalles del proyecto, llenos de un entusiasmo que crecía con los días y ante la expectativa cada vez más cercana de encontrarnos por fin con nuestra montaña. Durante la preparación de la expedición el contacto con los jordis había sido por fuerza más esporádico por el hecho de que viven y trabajan en el Pirineo y Tosas además estuvo guiando a un grupo en Perú hasta pocos días antes de salir hacia Pakistán, con el tiempo justo para ver a su mujer y su hijo Nil recién nacido, rehacer maletas y tomar el avión.

Esos días nos permitieron, sobre todo a Manel y a mí, que no les habíamos tratado demasiado, conocerles un poco mejor. Tosas en seguida se mostró como una persona extrovertida y animada, rebosante de energía; Coro, con su carácter más reservado, también fue poco a poco encontrando su espacio entre nosotros. Manel y Óscar eran la columna vertebral del equipo y yo sentía, con el paso de los días, cómo las relaciones se iban afianzando sobre la base de la confianza, el respeto y la honestidad. Además, cada conversación que manteníamos era para mí una inyección de fe, de entusiasmo y de ganas de dar el siguiente paso. Tengo decenas de esas conversaciones grabadas en mi memoria, conservo las palabras y los tonos de voz exactos, y hasta el olor y el color del entorno de cada una de ellas, y mis emociones siguen vivas como si con cada uno de esos diálogos hubiera mi mente logrado crear un holograma, algo mucho más fuerte que el recuerdo común.

Concluyendo nuestros trámites en la capital de Pakistán, el 5 de junio anotamos en nuestro Diario de Expedición: “Días de últimas compras y preparativos en Islamabad: herramientas para reparar el generador, aceite lubricante, material eléctrico, etc. Nos come un calor asfixiante, alrededor de 40ºC, envueltos siempre en un ensordecedor y caótico tráfico y rodeados por gente y más gente, aquí en Rawalpindi”. Estábamos listos para continuar con nuestro viaje hacia el K2.

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