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Posted by on Sep 4, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Manel de la Matta y Óscar Cadiach, el núcleo inicial de la Magic Line

Manel de la Matta y Óscar Cadiach, el núcleo inicial de la Magic Line

El equipo de la Magic Line del K2 celebra en el Campo Base el aniversario de la primera ascensión italiana al K2, lograda por la ruta de Abruzzos el 31 de julio de 1954

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Conformamos un equipo heterogéneo y complementario

Así que en 2003, nuestros caminos se unieron y me vi con Óscar hablando del K2. Junto a Manel, el núcleo inicial estaba forjado y la columna vertebral era nuestro absoluto entusiasmo, al que sumaríamos pronto el de dos compañeros más: los jordis. Óscar había coincidido con ellos sólo de forma ocasional antes del inicio del proyecto, pero sin duda Jordi Corominas y Jordi Tosas son en España dos referentes únicos del alpinismo de altísima dificultad. Yo los conocí a raíz del proyecto de la Magic Line y Manel había visto alguna vez a Jordi Tosas en Benasque pero no habían escalado juntos antes. El nuestro era un equipo conformado desde la complementariedad, donde cada uno iba a liderar en su área de mayor competencia, trabajando de manera cooperativa con los demás en las distintas fases del proyecto. Eso nos convertía en un equipo motivado y fuerte, con un encaje natural y muy positivo entre todos desde el primer momento, lo que nos hacía capaces de asumir un reto muy ambicioso y repleto de incertidumbres.

A Óscar siempre le hacíamos la broma con aquello de que ha estado tanto tiempo en altura que se ha dejado algunas neuronas allá arriba. Se lo decíamos cariñosamente, ya que tiene un carácter más bien reservado, a veces introvertido, y también una forma particular de organizarse. En ese sentido, Manel, habituado a su faceta de director de proyectos, aportaba al equipo unas buenas dosis de organización y planificación clara y operativa. Y yo era un complemento en esa misma línea, ya que compartía con Manel esa vertiente más organizativa. Al unirme al proyecto entendí que mi función iba a ser clave en la planificación y, una vez en la montaña, si bien era probable que no llegara a estar en la cordada de cumbre – aunque era algo que de entrada no descartaba, ya que me hacía una enorme ilusión y pensaba esperar a ver cómo me iba a encontrar una vez allí -, me iba a centrar en escalar la vía allí hasta donde pudiera llegar y luego, mientras el resto del equipo continuase con la escalada de mayor dificultad técnica, yo me dedicaría a labores de apoyo y de preparación de toda la logística del descenso y a la coordinación de un sinfín de trabajos en el Campo Base.

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