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Posted by on Oct 30, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Nos vamos, esto va a pasar

Nos vamos, esto va a pasar

El día del inicio de una expedición es siempre un momento muy especial

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

El día del inicio de una expedición es siempre un momento muy especial

“Para mí la auténtica aventura es el viaje del cual uno puede no volver vivo, pero no vuelve siendo la misma persona.”

Yvon Chouinard, escalador, ecologista, fundador y propietario de Patagonia Inc.

Cuando llegué al aeropuerto de Barcelona acompañado por mi padre y Elsa, mi mujer, el día 2 de junio de 2004, habían pasado muchos meses de preparación, de trabajo intenso imaginando el día de la partida, el día en que tendría la visión del K2 frente a mí a lo lejos, o tantos otros momentos con los que soñaba. Esa visión me había dado fuerzas cuando tocaba trabajar duro, entrenar, superar dificultades y sufrir a veces; y ahora era real. Estábamos ya en el inicio de la fase de aproximación física, la que gracias al trabajo previo nos permitía iniciar el viaje hacia el Campo Base de nuestra montaña, hacia el K2.

El día del inicio de una expedición es siempre un momento muy especial, porque se produce una mezcla curiosa de emociones, de intensa ilusión y también de incertidumbre. Sabes que cada montaña tiene su propia personalidad y que el primer paso hacia el Campo Base de un ochomil es el inicio de la relación de encuentros y desencuentros que, durante muchas semanas y lejos de todo lo demás, vas a vivir con la montaña. ¡Y ahora el ochomil al que nos dirigíamos era el K2, y la vía que íbamos a escalar para llegar a su cumbre era nada menos que la Magic Line!. La emoción habitual que precede a toda expedición se multiplicaba y era equivalente a perseguir la realización de un sueño, acercarnos a un mito con todas sus leyendas, sus relatos, sus luces y sus sombras.

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