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Posted by on Oct 16, 2014 in Aprender y aplicar, Liderazgo basado en valores, Valentín Giró

¿Qué haces cuando tú perro ladra?

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Si tú perro ladra, te está avisando de algo. Puedes ignorar este aviso, apartando al animal, o tomarla contra el perro mandándolo callar. En ambos casos pierdes una oportunidad: entender qué se avecina, qué puede estar pasando. La amígdala, un pequeño órgano situado en nuestro cerebro, alberga un particular perro guardián que siempre nos avisa cuando se siente amenazado o en riesgo. Este compañero de viaje resulta ser, ni más ni menos, nuestro propio repertorio emocional.

Cuando sentimos tristeza, ansiedad, temor, enojo o culpa,… nuestro «compañero» nos está avisando de algo, nos está dando una señal que, si la leemos adecuadamente, nos llevará a actuar de una determinada manera. Ahí está la clave: ¿Qué hacemos cuando ladra nuestro «perro»? ¿Nos damos cuenta de esta señal de aviso? e, igual de relevante: si efectivamente nos damos cuenta del aviso ¿Qué hacemos con él? Dos son las respuestas más comunes e inefectivas: «huir» del mismo o bien «aplastarlo», negándolo o ignorándolo.

Existe un camino alternativo al de la huida o la confrontación. Consiste en saber leer e interpretar el mensaje que nuestro «guardián» nos trae, y responder al mismo de manera consciente, eligiendo un comportamiento que sea para nosotros legítimo y honesto. Si somos capaces de hacer esto, estaremos construyendo un «puente» que transita entre la amígdala y el neocórtex, la parte del cerebro que alberga nuestra capacidad de reflexión y enjuiciamiento. Este proceso es lo que la ciencia del cerebro denomina «reconsolidación», consiste en reconfigurar la actividad cerebral que nos viene dada y que no podemos modificar (en la amígdala) en respuestas escogidas conscientemente (procesándolas mediante el neocórtex).

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