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Posted by on Jul 18, 2014 in Momentum Himalaya

Una cumbre muy especial: lograr que la escuela de Sama continúe abriendo sus puertas

Phurbu & Laxmi y Teixidors

Phurbu Tsewang, impulsor y director de la escuela de Sama, junto a y su mujer, Laxmi Foto: Valentín Giró

Momentum Himalaya es el nombre de una iniciativa de apoyo al emprendimiento social en la aldea de Sama, situada a 3,500 metros de altura en un remoto lugar del Himalaya Nepalí. Se trata de un proyecto que nació bajo la inspiración del alpinista Carlos Soria, que mantiene un vínculo especial con este lugar que lo acogió en su primera expedición al Himalaya.

Sama es un lugar especial por muchos motivos, además de la belleza lo envuelve y por ser el único núcleo habitado del Himalaya que descansa, literalmente, a los pies de un ochomil, el Manaslu (8.163 m), cuyo significado en sánscrito es “la montaña del espíritu”. Sama alberga también una pequeña escuela de educación primaria a la que acuden casi un centenar de alumnos. Una escuela que afronta, al igual que la mayor parte de los habitantes del pueblo, carencias de todo tipo para alimentar, formar y vestir a los alumnos.

Gracias a Carlos Soria nació Momentum Himalaya en el año 2011, con el objetivo de impulsar iniciativas locales que permitieran generar ingresos de forma recurrente y sostenible, para que una parte de estos recursos se reinvirtiera en la escuela de Sama. Valentín Giró forma parte del equipo de Momentum Himalaya y viaja periódicamente a Nepal para realizar trabajo de campo. Los posts que el autor irá publicando en las próximas semanas son una invitación para conocer de cerca la labor que se viene realizando en este maravilloso rincón del Himalaya.

Carlos tenía un vínculo muy especial con el pueblo de Sama ya que fue allí cerca, en el Manaslu (8.163 m), donde tuvo lugar su primera experiencia en el Himalaya, allá por el año 1973. En sus distintas expediciones al Manaslu Carlos forjó una amistad muy especial con Phurbu Tsewang, y vio cómo, con muy pocos medios, ese hombre alojaba, alimentaba y educaba a los niños de Sama y de otros pueblos cercanos.

Carlos conocía los esfuerzos de Phurbu por tirar adelante la escuela del pueblo y mejorar la educación de los niños y niñas de la comunidad. Mucho era lo que Phurbu había logrado en esos años pero mucho también lo que quedaba por hacer para que la escuela pudiera abrir sus puertas año tras año. Carlos era plenamente consciente de esta situación. En realidad, él mismo se reencontraba con su amigo y visitaba la escuela al menos una vez al año, aprovechando sus frecuentes expediciones al Himalaya. Para Carlos, respaldar a Phurbu para que la escuela siguiera funcionando, ofreciendo una educación básica para jóvenes que vivían en lugares remotos, significaba escalar una cumbre especialmente ambiciosa.

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