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Posted by on Feb 5, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró describe la espera de la ventana de oportunidad

Valentín Giró describe la espera de la ventana de oportunidad

Jordi Corominas accediendo al glaciar colgante del «Púlpito», donde instalamos el Campo 3 (7.500 m)

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

A la espera de un intervalo de tiempo favorable que nos permitiera atacar la cumbre

“¡Muchísima suerte!. Deseo, de todo corazón, que alcancéis la cumbre del K2 por la vía que Renato tanto había soñado escalar”.

Diario de Expedición, 10 agosto 2004.

Con el inicio del mal tiempo a partir del 28 de julio, con la vía ya equipada y el Campo III instalado a 7.500 m y con un interrogante de 1.100 m de desnivel hasta la cumbre, iniciábamos un período de pausa marcado por una obsesión: la meteorología. Vivíamos a la espera de un intervalo de tiempo favorable que nos permitiera atacar la cumbre con unas mínimas garantías, y para ello necesitábamos al menos cuatro o cinco días de buen tiempo. Ya casi lo teníamos, solo era necesario que el K2 nos diera la oportunidad definitiva y nos invitara a pisar su cumbre, después de tantos días y tanto esfuerzo.

Pero si algo sabemos los alpinistas es que tenemos que cultivar la paciencia y convivir siempre con la incertidumbre, y más aún en una montaña como el K2, conocida por el carácter cambiante, impredecible y a menudo implacable de su meteorología. Estábamos ya en el mes de agosto, y su segunda mitad es una época algo tardía ya para hacer cumbre en el Karakorum, porque el intenso frío y el viento empiezan ya a anunciar la entrada del mal tiempo, que es la antesala del invierno.

En aquel momento solo nos quedaba aguardar, ya preparados, la ansiada e imprescindible tregua favorable para atacar la cumbre por la Magic Line. Sabíamos que, cuando llegara esa ventana favorable, iba a ser probablemente la última de la temporada, antes de que el K2 se convirtiera en una colosal incógnita envuelta en nubes e inaccesible para el hombre durante el resto del año.

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