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Posted by on Ene 10, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró describe la exigencia de escalar por encima de los 7.000 m

Valentín Giró describe la exigencia de escalar por encima de los 7.000M

Manel de la Matta (en primer plano), Jordi Corominas y Óscar Cadiach en la tienda-vivac que instalaron a 8.100 m durante el ataque a la cumbre del K2 por la vía Magic Line

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Cada metro de desnivel que se gana a partir de esa altura supone un gran esfuerzo

Sobre el papel es muy difícil dar cuenta de la dureza que comporta escalar por encima de los 7.000 m y de las sensaciones que allí se viven. La altura provoca, además de un frío extremo, con temperaturas muy bajas (en la Magic Line por debajo de los 20ºC negativos a partir del Campo III), una serie de cambios fisiológicos a los que nuestro cuerpo va adaptándose progresivamente. Y es que por encima de los 6.500 metros, el desgaste ya es progresivo y solo es posible una completa recuperación descendiendo a cotas más bajas.

A tales alturas se corre un alto riesgo de sufrir edemas pulmonares y cerebrales, además de congelaciones. Cuidar la hidratación es lo esencial para prevenir esos riesgos, y por eso un ritual básico consiste en fundir nieve con el hornillo de gas, un proceso que puede suponer varias horas pero que es imprescindible realizar al final de cada jornada. Pero además del cuidado fisiológico, lo más duro son los efectos que la altura tiene sobre nuestra voluntad. Al cerebro le llega el oxígeno con mucha dificultad (hipoxia), y todo se ralentiza, provocando una disminución notable no sólo de nuestra energía física sino también de nuestra capacidad de pensar o incluso de hablar con claridad.

Cada metro de desnivel que se gana a partir de esas alturas supone un gran esfuerzo, que solo gracias a la convicción y el equilibro interior del alpinista es posible realizar. Cualquier duda, cualquier vacilación en estos momentos, a una altura que pone a prueba los límites de la resistencia humana, le puede llevar a uno a tirar la toalla. Y eso es algo que no pensábamos hacer en la Magic Line.

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