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Posted by on Ene 7, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró describe la importancia del contacto periódico con los suyos

Valentín Giró describe la importancia del contacto periódico con los suyos

La distancia crea un efecto de separación doloroso, que se alivia con un contacto regular

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

La distancia crea un efecto de separación doloroso, que se alivia con un contacto regular

Yo hablaba con Elsa, mi compañera, por correo electrónico cada dos o tres días. Ella ha sido y es siempre mi apoyo, mi mejor admiradora y también mi crítica más contumaz. Recuerdo con una sonrisa alguno de los muchos emails que recibí de ella en aquellos días: “!Vaya tela! ¡Las fotos son impresionantes, vaya montaña! La verdad es que entre las fotos y tus crónicas, ¡es una flipada!. ¡Es como si estuviéramos allí con vosotros, felicidades!”.

Es simplemente increíble poder disfrutar de un vínculo así desde un rincón tan perdido del Planeta. En mi opinión, las posibilidades de comunicación que ofrecen las nuevas tecnologías vía satélite aplicadas al mundo del alpinismo son una bendición y una auténtica revolución. Sé también de alpinistas que no ven con buenos ojos o no necesitan simplemente estar conectados al mundo desde un ochomil.

En mi caso, la distancia crea un efecto de separación doloroso, que intento aliviar a través de un contacto regular que me permite, por difícil que parezca, estar al día de lo que pasa en casa. Estas breves palabras a través del teléfono o del ordenador suponían para mí una verdadera recarga de ánimos y moral, me ayudaba a vivir mi presente en la montaña y a la vez conectarme con el presente de la vida de mi gente en Barcelona, compartiendo las pequeñas cosas del día a día y construyendo así una sensación de tranquilidad y seguridad para ambas partes.

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