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Posted by on Ene 22, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró describe la partida de Jordi Tosas de la expedición

Valentín Giró describe la partida de Jordi Tosas de la expedición

Con su marcha perdíamos una pieza esencial y a uno de los escaladores más fuertes del equipo

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Con la marcha de Jordi Tosas perdíamos una pieza esencial y a uno de los escaladores más fuertes del equipo

Un momento clave de la escalada de la Magic Line se produjo cuando Jordi Tosas nos anunció que dejaba la expedición y regresaba a casa. Muy apenado por la decisión, Jordi nos explicó que importantes cuestiones familiares lo reclamaban de inmediato; lo había valorado una y otra vez, pero no veía otra salida posible. De un lado sus obligaciones familiares, de otro, un proyecto fiel a sus valores y con el que había soñado durante mucho tiempo.

Estoy seguro de que Jordi, dada la situación, optó por lo que en esos momentos era más importante para él: regresar a casa para echarle una mano a Merche, su mujer, con el pequeño Nil, su primer hijo que entonces tenía solo tres meses. También para nosotros, sus compañeros de cordada, fue la mejor decisión, ya que seguir en la Magic Line sin poder mantener un compromiso al cien por cien como el primer día, entrañaba un mayor riesgo para todos.

Nos encontrábamos a 2 de agosto y nuestro avance en la vía había sido más lento de lo que habíamos previsto; la Magic Line se mostraba realmente como era, más compleja, larga y difícil de lo que habíamos imaginado. Estábamos a punto de poder instalar el Campo III en “el Púlpito” y Tosas acababa de resolver el difícil paso de la “hanging crack”, una complicada fisura extraplomada a casi 7.000 m de altura. Con su marcha perdíamos una pieza esencial y a uno de los escaladores más fuertes del equipo.

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