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Posted by on Dic 25, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín giró destaca el papel de Fidha, el cocinero de la expedición

Valentín giró destaca el papel de Fidha, el cocinero de la expedición

La comida, un elemento clave para mantener la salud y el buen estado de ánimo de la expedición

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

La comida, un elemento clave para mantener la salud y el buen estado de ánimo de la expedición

Cada vez que instaláramos un campo de altura nuestro querido Fidha nos iba a premiar con sus pizzas – preparadas en la precariedad de la “cocina” del CB pero increíblemente sabrosas – que serían, a partir de entonces, una de las mejores recompensas a nuestros esfuerzos. En general, los equipos locales suelen comer juntos, envueltos por el calor de la propia cocina, un surtido de las cosas que les gustan y a las que están más habituados, en su ambiente y pudiendo hablar su idioma. Las ocasiones de celebración eran una buena excusa para reunirnos y reírnos todos juntos. Gracias a las gesticulaciones y a un inglés básico común podíamos comunicarnos con nuestro equipo local. A menudo comentábamos la suerte que tuvimos con Fidha, ya que la comida es un elemento clave para mantener la salud y el buen estado de de ánimo de la expedición, sobre todo en un equipo de escaladores cada vez más agotados y hambrientos.

Fidha, que tenía 31 años y un hijo pequeño de dos años, hacía gala de dos cualidades esenciales: era muy imaginativo y le gustaba su trabajo. Además era muy hábil con los idiomas y extrovertido, ¡al cabo de un mes empezaba a chapurrear algo de catalán!. Sabía lo que era estar en una expedición en el K2 y el desgaste que comporta. Cualquiera que viera las condiciones en las que Fidha y su ayudante Alí cocinaban no alcanzaría a entender cómo lograba hacernos aquellas deliciosas pizzas.

Tan sólo hubo un par de detalles “domésticos” sobre los que sí tuvimos que pedirle a Fidha y a su equipo algo más de esmero: la limpieza de la vajilla y el uso de la “nevera”. Resulta que para poder limpiar platos a 5.100 metros de altura se tienen que aprovechar las horas centrales del día, cuando el deshielo permite recoger algo de agua de los cauces que corren bajo el glaciar. En grandes cazos, se carga entonces hasta la tienda-cocina, donde se calienta un poco para poder fregar sin helarse las manos. Nos dimos cuenta que, en este proceso rutinario, nuestros amigos baltís aplicaban un nivel de “acabado” en el lavado a todas luces insuficiente para nuestros delicados estómagos, y que fue la causa de alguna de nuestras gastroenteritis. También le pedimos a Fidha que vigilase por un mejor uso de la “nevera”, para evitar, por ejemplo, que las porciones de carne que nos fueron asignadas del dzo sacrificado en el CB, quedasen al descubierto sobre el hielo, fuera de las grietas del glaciar. Al parecer, para Fidha y Alí la protección de la carne bajo el hielo era un detalle menor, como comprobamos al ver uno de los muslos del dzo sacrificado apuntando al cielo, como si de una pata de Jabugo se tratara.

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