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Posted by on Dic 30, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró destaca el papel de Jofre Janue, el meteorólogo del equipo

Valentín Giró destaca el papel de Jofre Janue, el meteorólogo del equipo

Jofre Janué, nuestro hombre del tiempo fue todo un referente, para nosotros y para otras expediciones

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Nuestro hombre del tiempo fue todo un referente, para nosotros y para otras expediciones

Durante los días de espera, la obsesión por los partes meteorológicos ocupaba la mayor parte de las conversaciones. Nuestro hombre del tiempo, Jofre Janué, se convirtió en todo un referente, y no solo para nosotros. Otras expediciones acabaron por consultarnos la previsión de Jofre, por la seguridad que nos ofrecía a todos el alto margen de acierto que nos había demostrado. Jofre nos enviaba el parte diariamente y en ocasiones hablábamos también con él por teléfono, buscando en cada una de sus palabras las claves para decidir seguir adelante con nuestro plan de escalada en la vía.

Cada día tomábamos mediciones regulares de temperatura, humedad relativa y viento, que le hacíamos llegar para lograr una mayor precisión en sus predicciones. En esta etapa de nuestra expedición necesitábamos, al menos, dos períodos de tiempo estable: primero para completar la instalación de la ruta hasta el Púlpito, a 7.500 m, y segundo para intentar un ataque a cumbre contando con algunos días de descanso intermedios. ¿Lo conseguiríamos? Por aquel entonces solo podíamos esperar, adelantar el máximo trabajo posible y estar listos en cualquier momento: ésa era nuestra única certeza, la de sabernos preparados para aguantar la incertidumbre y actuar en el momento oportuno.

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