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Posted by on Feb 28, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró destaca la gesta irrepetible de la «Magic Line» del K2

Valentín Giró destaca la gesta irrepetible de la Magic Line del K2

Ningún alpinista en la historia había hecho algo así en el K2 y difícilmente alguien lo repetirá

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Ningún alpinista en la historia había hecho algo así en el K2 y difícilmente alguien lo repetirá

Nadie, ningún alpinista en la historia había hecho algo así en el K2 y difícilmente alguien lo repetirá: alcanzar en solitario lo más alto del K2, de noche y por la Magic Line. Por lo excepcional e irrepetible del reto, Jordi Corominas ocupa ya un merecido lugar entre los más grandes: “Cataluña corona el mítico K2”, “Cumbre Mágica”, “Conquista Mágica”, “Oro en el K2”… recogían los titulares de prensa, trasladando la gesta de Jordi a los XXVIII Juegos Olímpicos que se celebraban ese mismo verano en Atenas.

Y ese oro, la cumbre de Coro, era también “nuestra” cumbre: la de Manel y Óscar, la de Tosas y la mía, la de Ghulam y Ahmed, la de Fhida, Alí e Ikbal, la de todos aquellos porteadores, prácticamente desconocidos, que a principios de junio nos ayudaron a llegar al Campo Base con toda nuestra carga. Y era también la cumbre de nuestras familias y amigos, la de las entidades que nos respaldaron y la de tantos y tantos seguidores que, día a día durante casi tres meses, nos infundieron todo su ánimo y apoyo.

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