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Posted by on Ene 6, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró explica el reto de grabar en altura y de redactar las crónicas de la expedición K2 Magic Line

Valentín Giró explica el reto de grabar en altura y de redactar las crónicas de la expedición K2 Magic Line

Narrar y compartir la expedición era algo importante y disfrutamos mucho con esta labor

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Narrar y compartir la expedición era algo importante y disfrutamos mucho con esta labor

Queríamos contar nuestra experiencia y ése fue un reto adicional que todos asumimos con entusiasmo y que llevamos a cabo con esfuerzo y largas horas de trabajo, agotados muchas veces tras las maratonianas jornadas de escalada. El resultado de todo ello fue muy grato, gracias cómo no a la ayuda de Dani Martí, nuestro Director de Comunicación, y también a la calidad de los contenidos que enviábamos desde el K2 y a nuestra disponibilidad para atender a los medios. Filmar a la vez que se escala a esas alturas, con las fuerzas muy justas por la falta de oxígeno es toda una gesta.

Aunque nos fuimos repartiendo la cámara, Óscar era quien más experiencia tenía al respecto, puesto que había realizado otros proyectos cámara en mano. Era un trabajo que requería de una gran concentración a la hora de manipular la cámara y que añadía un grado de dificultad y de riesgo mayor al trabajo de escalada en la montaña. Y en cuanto al arte de hablar ante la cámara, para explicar lo que se siente en una escalada así, entre nosotros Manel era, en mi opinión, el que más y mejor lo hacía; con su fluidez y proximidad natural, casi como un extraterrestre insensible a la altura y a la falta de oxígeno.

Pero poder contarlo y compartirlo era algo importante para nosotros y todos acabamos disfrutando mucho con las crónicas de la expedición, tomando fotos, grabando vídeos y luego visionándolos juntos y editándolos, algo de lo que se encargaba sobre todo Tosas a nivel técnico. Yo me concentré especialmente en la redacción de las Crónicas de Expedición, en responder correos, recargar el generador y hacer, entre otras cosas y cada diez días, los envíos de las cintas grabadas a través de Ikbal, nuestro querido mail runner.

Ikbal, de veinticuatro años y con dos hijos, era nuestro enlace con la civilización. Salía del CB con las cintas grabadas a cuestas y en sólo cuatro días llegaba a Skardu, sin a penas descansar. Los mail runners conocen como nadie la ruta, y son la herencia – como ya he comentado – de la antigua figura del cartero de la expedición cuando aún no existía el teléfono satélite ni los ordenadores. Ikbal era nuestro Hermes de pies alados que lograba que el valioso material grabado con tanto esfuerzo, llegara sano y salvo hasta Skardu y saliera por correo urgente hasta los estudios de TVC en Barcelona.

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