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Posted by on Dic 11, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró explica la fase de montaje del Campo Base

Valentín Giró explica la fase de montaje del campo base

El equipo local baltí reunido en el Campo Base del K2 al abrigo de la tienda-cocina

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Protegidos a los pies del K2, en un lugar tranquilo y aislado del bullicio de otras expediciones

Una vez escogida la ubicación de la expedición en el Campo Base, vino entonces la fase de montaje, que nos ocupó casi tres días completos de trabajo. Pero antes, y una vez comprobados uno a uno los bultos con el inventario del shirdar, le pagamos el sueldo y la propina a cada porteador y se fueron yendo rápidamente, glaciar abajo, de nuevo hasta Concordia, para dormir allá o seguir bajando si se veían bien de fuerzas. Con ellos desaparecieron también las voces, los empujones y las risas y los cantos baltís que nos acompañaron durante las ocho largas jornadas de marcha desde Ashkole. Se nos abría así un espacio, más sereno, más nuestro, más enfocado hacia nuestro propósito, protegidos ya a los pies del K2. Allí, en nuestro CB, en nuestra casa, nos quedamos nosotros cinco con nuestros cinco hombres baltís. Exceptuando a Jalaal, todo nuestro equipo local era de Machulo, un pequeño pueblo situado a cuatro días de marcha.

Esa primera noche en el CB anotamos en el Diario de Expedición: “Tras pagar y despedirnos de los casi ochenta porteadores que nos han ayudado a transportar todo el material hasta aquí, hemos dedicado el día a plantar nuestras tiendas individuales, las tiendas comedor y cocina y, finalmente, la tienda de comunicaciones. Es una labor considerable, que requiere de la ayuda de todos, trabajando a un ritmo constante pero para nada acelerado, ya que la altura se nota y mucho. Con nosotros se queda el cocinero y su ayudante, nuestros dos porteadores de altura y Jalaal, el Oficial de Enlace, un capitán de 31 años del ejército Pakistaní. Su función no es otra que la de velar para que respetemos el permiso de escalada en la vía escogida y que no nos dediquemos a explorar otras vías o cumbres cercanas”.

Recuerdo especialmente la sensación de silencio de las primeras horas, tras los ocho días de aproximación con toda la caravana. Nos quedamos la pequeña familia con la que íbamos a convivir muchos días, y fue un momento de reconocimiento y celebración. Estábamos allí, éramos un mismo equipo y entre todos íbamos que trabajar por un objetivo común. Habría retos en el manejo de las relaciones personales en el largo tiempo de convivencia que nos esperaba, bajo condiciones durísimas muchas veces, pero partíamos de una buena predisposición para ir lidiando pacíficamente con todo eso: aceptar errores, analizar el por qué de las cosas, buscar vías de mejora común, expresar las emociones. De cara al equipo local, nuestro reto como alpinistas y líderes del proyecto, consistía en integrarles y hacerles sentir parte de algo especial, que merecía su esfuerzo y trabajo. Y creo que lo logramos, a pesar de algunas dificultades a las que en algún momento tuvimos que hacer frente, especialmente con los porteadores de altura.

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