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Posted by on Ene 15, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró explica las complicaciones del descenso de Edurne Pasabán y Juanito Oyarzábal tras hallar la cumbre del K2

Valentín Giró explica las complicaciones del descenso de Edurne Pasabán y Juanito Oirzábal tras hallar la cumbre del K2

Edurne llegó con congelaciones en los pies y Juanito fue hallado inconsciente en el Campo IV (8.100 m) del Espolón de Abruzzos (Foto de la cumbre del K2 con el Broad Peak en frente)

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Edurne llegó con congelaciones en los pies y Juanito fue hallado inconsciente en el Campo IV

Unos días antes, el 26 de julio, celebramos en el CB la cumbre del K2 lograda por la vía de Abruzzos por cuatro alpinistas españoles de la expedición de “Al filo de lo imposible”, con Edurne Pasabán como la primera mujer española en alcanzarla, Juanito Oyarzábal lográndolo por segunda vez, y Mikel Zabalza y Juan Vallejo que por fin alcanzaban un sueño perseguido durante muchos años. Pero el día siguiente de cumbre nos trajo peores noticias, debido a las congelaciones de Edurne y al incidente de Juanito, – que estuvo perdido durante unas horas antes de que su compañero Ferran Latorre diera milagrosamente con él – también con congelaciones y afectado por un edema pulmonar, lo que obligó a la cordada a forzar un maratoniano descenso apoyado por alpinistas de otras expediciones.

Con un tono de preocupación, el 27 de julio anotábamos en nuestro Diario: “Ayer por la noche vivimos en directo los graves problemas de nuestros compañeros de “Al Filo de lo Imposible” para bajar de la cumbre del K2 y alcanzar el Campo 4, a 8.000 m. Edurne llegaba hacia las 02:00 h de la madrugada, muy justa de fuerzas y con congelaciones en los pies. Juanito, que se perdió durante el descenso, fue hallado inconsciente a las 05:00 h, tirado sobre la nieve (…) Todos los alpinistas que ayer estaban en el Campo 4, tanto los que acababan de bajar de cumbre como los que pensaban subir al día siguiente, salieron de sus sacos y tiendas para ayudar a los alpinistas en peligro. Muchos sacrificaron así sus opciones de intentar la cumbre del K2. Desde primera hora de la mañana, los alpinistas del Campo 4 se han movilizado para bajar a Edurne y Juanito al Campo Base. Ha sido un trabajo de equipo en el que han intervenido muchas personas y en el que se ha volcado un gran esfuerzo. Además de unas graves congelaciones en los pies, Juanito ha sufrido un principio de edema pulmonar y se le ha suministrado oxígeno suplementario entre los Campos 4 y 2. Edurne llegaba finalmente hoy al Campo Base a las 22:00 h, por sus propios medios y en un descenso sin descanso, mientras que Juanito lo hacía a las 02:00 h de la madrugada, sin poder apenas caminar, ayudado por varios compañeros y porteadores baltís”.

Tras las primeras curas del médico de la expedición andaluza, los dos alpinistas fueron evacuados al día siguiente en helicóptero. Pudimos respirar tranquilos al ver cómo el helicóptero se alejaba, Baltoro abajo, rumbo a Skardu e Islamabad, para repatriar a los heridos.

En algún momento, durante aquellos días, nos pasó por la cabeza el pensamiento sobre un eventual rescate en la Magic Line. Era impensable imaginar un despliegue como el que habíamos visto en la ruta de los Abruzzos. Ni había otros escaladores en la vía para echar una mano, ni el acceso era, en absoluto, sencillo. El esfuerzo que había sido necesario hacer en una ruta más sencilla hablaba por sí mismo sobre lo aislados que estábamos en la Magic Line y sobre la importancia de poder desenvolvernos siempre de forma autónoma, especialmente ante las dificultades.

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