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Posted by on Feb 12, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró habla de la primera «ventana» de oportunidad que tuvieron

Valentín Giró habla de la primera ventana de oportunidad que tuvieron

Manel de la Matta estudia la vía Magic Line desde el Campo Base del K2

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Un intervalo corto, de sólo dos días, que permitió dejarlo todo listo para el ataque final

Y así llegó el anuncio de la primera ventana de buen tiempo, que tendría una duración de dos días solamente; demasiado corta para el ataque a la cumbre pero imprescindible para reabrir la huella en la vía, oculta tras las nevadas, y para re-equipar algunos tramos del corredor Negrotto y desenterrar la cuerda fija. El aviso de esta primera ventana nos activó inmediatamente e iniciamos un trabajo intenso en los días 6 y 7 de agosto, que llevamos a cabo con entusiasmo ya que nos reconectó con la vía y con la posibilidad, cada vez más cercana, de lanzar un ataque a la cumbre.

Durante esos primeros días de agosto y desde el CB, yo iba informando a Óscar, Manel y Coro sobre las previsiones de la meteo, para que se pudieran organizar y darse la vuelta a tiempo, antes de que la corta ventana se cerrase. En efecto, el mismo día 7 comenzó a empeorar el tiempo y mis compañeros decidieron descender al campo Base donde, nuestro genial Fida se encargó de preparar a conciencia la habitual cena de bienvenida y de recompensa a nuestros escaladores, un “pizza day” que fue especial por muchas razones.

Recuerdo aquel regreso de la cordada al CB de una forma muy especial. Volvíamos a estar todos juntos, exultantes, sintiendo que nuestro sueño era ahora más alcanzable que nunca, especulando sobre las incógnitas de la escalada que teníamos por delante a partir del Campo III del “Púlpito”, sobre la esperanza de dar pronto con una tregua de buen tiempo y sobre cada uno de los pequeños éxitos compartidos a lo largo de nuestra expedición…

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