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Posted by on Ene 4, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró habla de la vida en el campo base de la expedición Magic Line

Valentín Giró habla de la vida en el campo base de la expedición Magic Line

Se combinaban las actividades sociales con los espacios de recogimiento individuales

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Se combinaban las actividades sociales con los espacios de recogimiento individuales

En el CB, las actividades sociales se alternaban con los necesarios espacios de recogimiento individual, en los que cada uno de nosotros, resguardado dentro de su tienda se dedicaba a leer, escribir, escuchar música o simplemente descansar y pensar. Nos reuníamos a menudo con nuestro equipo local en la tienda cocina y en la tienda comedor, conviviendo en un buen ambiente y en un clima de confianza. Sabíamos lo que estaba en juego y cada uno de nosotros parecía entender que aquella no era una expedición más; había algo en nuestro desafío y en la forma de abordarlo que la hacía diferente.

Otro espacio de trabajo compartido era la tienda de comunicaciones. Pasábamos muchas horas allí, casi siempre trabajando en las crónicas de la expedición y en la edición de las cápsulas de video que enviábamos vía satélite a TVC. En otros momentos la usábamos de forma individual para contactar con nuestras parejas, familiares y amigos, y también para seguir, de algún modo, lo que pasaba en el mundo exterior. Entre otras cosas recuerdo que desde allí, a más de 5.000 m en un extremo del Baltistán, pudimos seguir algo de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y, cómo no, ¡el Tour de Francia!

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