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Posted by on Ene 20, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró narra la avalancha que sufrieron en el corredor Negrotto

Valentín Giró narra la avalancha que sufrieron en el corredor Negrotto

Se produjo la rotura de una placa de nieve que casi se nos lleva a todos por delante

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Se produjo la rotura de una placa de nieve que casi se nos lleva a todos por delante

“La montaña y tu soledad te permiten muchas veces llegar al interior de tus miedos y de tus dudas y ver que lo más importante es vivir.”

Jordi Tosas, entrevista en la revista Barrabés, septiembre 2000

Hubo en nuestra expedición a la Magic Line del K2 varios momentos clave que tuvimos que superar y que me llevan a una reflexión. El primero de ellos fue a causa de un error que cometimos; una mala decisión que puso en serio peligro nuestras vidas. Había estado nevando varios días seguidos y, al parar, decidimos salir a equipar los primeros largos del collado Negrotto. El calendario nos apremiaba; estábamos a finales de junio y aún no habíamos conseguido instalar el Campo I. Salimos hacia el collado y, justo cuando Manel abría, como primero de la cordada, el tercer largo en la pared del corredor, se produjo la rotura de una placa de nieve que casi se nos lleva a todos por delante.

Óscar y yo, asegurados más abajo en la reunión, logramos protegernos rápidamente bajo un espolón rocoso y vimos, atenazados por el miedo, cómo la avalancha saltaba por encima de nosotros. Son instantes en los que todo sucede muy rápido y lo que te guía es un instinto irracional de supervivencia, que te lleva a tomar decisiones casi ciegas. Tuvimos suerte de poder protegernos, de reaccionar rápidamente, pero podríamos haber corrido una suerte muy distinta, fue un instante de verdadero peligro. Cuando todo pasó y logré recuperar mi respiración, mi corazón dejó de latir a mil por hora y recuerdo mirar al cielo y a la montaña y darle las gracias por poder seguir ahí; de nuevo respirando y moviéndome.

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