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Posted by on Feb 26, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró narra la cumbre de Corominas por la «Magic Line» del K2

Valentín Giró narra la cumbre de Corominas por la Magic Line del K2

En la medianoche, Coro alcanzó finalmente los 8.611 metros: ¡Estaba en la cumbre del K2!

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

En la medianoche, Coro alcanzó finalmente los 8.611 metros: ¡Estaba en la cumbre del K2!

Cada dos horas me comunicaba con Coro. A la una del mediodía: “¿Cómo sigues? ¿Qué tal vas?”; a las tres de la tarde: “No muy bien, he tenido que destrepar un tramo, ¡Calculo que habré perdido más de una hora!”; a las cinco y media, cuando ya comienza en agosto a anochecer en Pakistán “¿Cómo estás de fuerzas y de moral? Bien, pero tengo que salir de aquí rápido porque si no pasaré frío!”. A esa hora, cuando la luz poco a poco se desvanecía y el frío empezaba a morder con fuerza, Jordi tenía aún mucho trabajo por delante; la falta de oxígeno y la nieve, muy profunda y compactada por el viento, habían ralentizado su avance. Recuerdo la ansiedad que había en mis preguntas y la serenidad, la confianza tranquilizadora con que Coro las respondía. Para combatir el “pasar frío” Jordi sabía que no podía dejar de moverse; su propio movimiento lo mantenía vivo y reducía el riesgo de congelaciones. Aun así Jordi acabaría pagando un tributo – “mínimo” probablemente, teniendo en cuenta la envergadura de su gesta – en forma de amputaciones en los pies.

Cuando anocheció, a las seis de la tarde, llevaba ya catorce horas seguidas escalando sin parar y le quedaban “tan solo” cien metros de desnivel para alcanzar la cumbre. Para superar algo así, en Alpes o en Pirineos, le hubieran bastado veinte minutos escasos, pero en la Magic Line del K2 tuvo que invertir nada menos que seis horas más de escalada, todo un vía crucis de esfuerzo, determinación y confianza en sí mismo. Al filo de la medianoche del día 16 de agosto de 2004, Coro alcanzó finalmente los 8.611 metros: ¡Estaba en la cumbre del K2 y había logrado completar la Magic Line!. Veinte horas después de dejar la tienda-vivac a 8.100 m junto a Manel y Óscar, Jordi no podía ascender ni un metro más, estaba ya en lo más alto de la “montaña de las montañas”. Activó el walkie y de forma breve, serena y precisa, me dijo “He llegado a la cumbre, hace frío, bajo”.

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