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Posted by on Nov 19, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró narra los primeros pasos de la marcha de aproximación

Valentín Giró narra los primeros pasos de la marcha de aproximación

Se inicia la marcha hacia el Campo Base del K2 (8.611 m) con casi cien porteadores baltís

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Se inicia la marcha hacia el Campo Base del K2 (8.611 m) con casi cien porteadores baltís

Así que, en manos de nuestro shirdar y literalmente rodeados por los porteadores, nos pusimos manos a la obra con la comprobación y marcado de los bultos, supervisando a su lado el proceso de pesado de las cargas y ayudando a los porteadores a colocarlas en su espalda para iniciar la marcha. Nuestra pequeña expedición contó finalmente con setenta y cinco porteadores que nos ayudaron a mover la carga hasta el Campo Base – las grandes suelen reclutar entre cien y dos cientos –. Fue un trabajo intenso pero se resolvió relativamente rápido teniendo en cuenta la aparente complejidad de la situación. Conservo en mi recuerdo la imagen de aquella mañana como si fuera una película acelerada: cientos de personas yendo y viniendo, moviéndose sin cesar, bultos por el suelo, gritos de nombres e instrucciones en lengua baltí, caras, manos y bocas por todos lados… y, en un determinado momento, cuando todo el material está ya asignado y cargado, esa película vuelve a su ritmo normal, y es cuando te encuentras caminando con tu mochila a cuestas junto a la caravana de porteadores, atravesando Askole en dirección hacia el glaciar de Baltoro, dejando atrás cualquier rastro de civilización.

“Comienza el primer día de marcha de aproximación – anotamos aquel 11 de junio en nuestro diario–. Por delante tenemos una semana de caminata por el glaciar del Baltoro, considerado uno de los trekking más espectaculares del mundo. Cruzamos el pueblo de Askole. Óscar se encuentra con un viejo conocido, un shirdar que lo ayudó en el año 94, cuando sufrió un serio accidente en el Uli Biaho. Esta gente, los baltís, son muy hospitalarios, y también muy abnegados y sacrificados, ya que se han logrado adaptar a un valle tan áspero y duro como el del Baltoro”.

Aquellos primeros pasos con la caravana y la emoción que sentí se mantienen intactos en mi memoria: nos veo a nosotros cinco tras nuestro pequeño ejército de hombres baltís, cargados con todo aquello que haría posible que intentáramos cumplir nuestro sueño desde el pie del K2. Los cinco caminando, por fin caminando, en un silencio gozoso, acompañado solamente por el rumor acompasado de las pisadas de nuestra caravana de hombres, abnegados y amables, llevando a sus espaldas el peso de nuestros materiales y de nuestras ilusiones. Es un momento mágico, de partida hacia lo anhelado, en el que agradeces de corazón el esfuerzo de tanta gente sin la que nada de eso sería posible. Admiración y respeto por nuestros porteadores, y un profundo sentimiento de equipo, de alegría y esperanza, por fin sobre el terreno, por fin en nuestra salsa. Vienes de vivir los ajetreos del viaje, de los rudimentarios hoteles de Islamabad y Skardu, de las gestiones y las compras, y tienes ganas de meterte en lo que te gusta: caminar, montar tiendas, escalar, vivir la montaña, mirarla de frente y encontrarte a ti mismo en ella.

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