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Posted by on Ene 27, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró reconstruye los problemas que sufrió en la vía de Abruzzos

Valentín Giró reconstruye los problemas que sufrió en la vía de Abruzzos

La deshidratación de Ghulam obligó a instalar el Campo 3 (7.450 m) y regresar después al Campo Base. En la foto, Ghulam en el Campo 2 (6.500 m) y al fondo, Concordia.

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

La deshidratación de Ghulam obligó a instalar el Campo 3 (7.450 m) del Espolón de los Abruzzos y regresar después al Campo Base

Cuando Ghulam, mi compañero de escalada en la misión de instalar el Campo 3 (7.450 m) en el Espolón de los Abruzzos dejó de beber, a esa altura, pronto empezó a mostrar síntomas de una fuerte deshidratación. Me fue completamente imposible convencerle para que bebiera incluso en esa situación. Cuando alcanzamos finalmente el Campo 3 y plantamos allí la tienda según lo planeado, Ghulam – tras casi dos días de no hidratarse – pasó una noche tremenda con alucinaciones, fortísimos dolores de cabeza y grandes alaridos hasta que, usando mi autoridad más que mi poder de convicción logré, por fin, que empezara a beber.

Yo había pasado el último día y medio muy tenso y preocupado, viendo como Ghulam se deterioraba y perdía cada vez más fuerza. La idea era esperar en el Campo 3 a los compañeros que bajasen de la cumbre para ayudarles a descender, pero el estado de Ghulam y la imposibilidad de evacuarle yo solo si se ponía peor, sumada a los fuertes vientos que comenzaron a soplar, me hicieron tomar la decisión de regresar cuanto antes al CB, dejando la tienda bien anclada y equipada. Comenzamos a rapelar vía abajo, viendo cómo la tienda iba despareciendo de nuestra vista, en un descenso que nos llevó un día entero. Recuerdo que en aquellos momentos, superado el momento más crítico con el porteador, mi preocupación era la de seguir a través de la radio y hora a hora, minuto a minuto, el avance de Manel, Óscar y Coro en su ataque a cumbre por la Magic Line.

La parte anecdótica y cómica de la escalada que Ghulam y yo hicimos por Abruzzos vino a raíz de compartir, para reducir el peso de nuestra carga, un único saco de dormir entre los dos. El frío intenso, aún dentro de la tienda y abrigados con nuestros monos de altura como osos polares, nos obligaba a apretujarnos como una pareja de enamorados, buscando algo de calor a pesar del fuerte olor que ambos desprendíamos. Aunque la situación era realmente graciosa vista desde fuera, los gritos y las alucinaciones de Ghulam, durante dos noches seguidas, sumado al tremendo mal olor que soportábamos, me hicieron sentir de todo menos ganas de reírme en aquellos momentos, y juré que jamás dormiría en un saco con nadie que no fuera mi mujer.

Al llegar abajo, a la altura del Campo Base Avanzado, mi compañero ya se encontró mejor y recuerdo que me dio un abrazo y un fuerte apretón de manos y me sonrió. Fue un gesto sencillo con el que celebramos que, tras haber instalado el Campo 3, seguíamos unidos y con ganas de ayudar al éxito de nuestra expedición, especialmente en el momento clave de ataque a cumbre que se avecinaba. Entonces no sabíamos que poco después de aquel abrazo nos tocaría vivir juntos momentos muy difíciles.

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