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Posted by on Nov 1, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró recuerda el día de la partida de la expedición K2 Magic Line

Valentín Giró recuerda el día de la partida de la expedición K2 Magic Line

Habíamos trabajado mucho para hacer que eso sucediese y poder iniciar el camino

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Habíamos trabajado mucho para hacer que eso sucediese y poder iniciar el camino

Y llegó el día de partir hacia Pakistán, y los cinco fuimos llegando al lugar de la cita en la terminal del aeropuerto, acompañados por personas queridas y cargados con nuestros equipajes, materiales e inmateriales, listos para la aventura. Las gestiones con el exceso de peso de nuestros bultos, la llegada aún de material de última hora, la presencia protocolaria de alguno de los patrocinadores, las despedidas difíciles y llenas de un miedo callado que bien conocemos los alpinistas y nuestras familias, nos mantuvieron ocupados y en tensión hasta el momento de la entrada en el avión.

Estábamos agotados, pero al sentarnos en el avión recuerdo las sonrisas de complicidad y un suspiro de descanso, de alivio, de liberación: un “por fin” insinuado en nuestras miradas. Habíamos trabajado mucho para conseguir estar a bordo de ese avión, para hacer que eso sucediese, para poder iniciar el camino; pero nada de todo aquello importaba ya, todo pasaba a un segundo plano ante la dimensión de lo que en ese día se iniciaba.

Sentí en mi propia piel, respirándolo profundamente, ese instante: el avión empieza a moverse, acelera y se eleva; dejas ya atrás tu ciudad y a las personas que amas, y entonces miras por la ventanilla intentando retener esa imagen, aferrándote al deseo de volver a verla, porque sabes que si vuelves a pisar ese suelo significará que has vivido experiencias que desconoces todavía, pero que sin duda te van a marcar para siempre. Sientes que eso va a pasar, que está pasando, que estás ahí y que estás con tu equipo.

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