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Posted by on Dic 31, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró recuerda el hallazgo insólito junto al CB de la expedición

Valentín Giró recuerda el hallazgo insólito junto al CB de la expedición

Aquel cuerpo envuelto en hielo era el de Renato Casarotto, uno de los más grandes alpinistas

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Aquel cuerpo envuelto en hielo era el de Renato Casarotto, uno de los grandes alpinistas

Fue durante aquel largo período de mal tiempo en el Campo Base, a la espera del parte que confirmara una ventana de buen tiempo para poder avanzar en la escalada de la Magic Line, cuando nos ocurrió algo insólito. Aún hoy lo recordamos con mucha emoción. Fue un día en que Óscar estaba en las estribaciones del glaciar Fillipi, dando un paseo y explorando la zona próxima a nuestro campamento. Me sigo preguntando si todo aquello formó parte de la casualidad o del destino. Aquel día y en aquel preciso lugar en medio del laberinto del glaciar, Óscar vio un bulto sobresaliendo en unas grietas. Al ir acercándose descubrió que eran los restos de un hombre. En seguida vio que se trataba de un alpinista, envuelto en un saco de dormir y rodeado por una cuerda, completamente congelado. Óscar nos avisó en seguida a todos y acudimos a ayudarle a sacarlo de ahí, picando hielo sin descanso durante un día entero.

Aunque muy desgastados por el paso del tiempo, aún se podían distinguir los colores y las etiquetas de la ropa y la mochila. Aquellos primeros indicios nos hicieron pensar ya entonces en una remota posibilidad que poco más tarde lograríamos confirmar a partir de la descripción de los materiales: que aquel cuerpo envuelto en hielo se trataba del de Renato Casarotto, uno de los grandes alpinistas de los años 80. Dieciocho años atrás, en el fatídico verano del 86 en el K2, Casarotto había perdido la vida al caer en una de las grietas del glaciar, del que lograron rescatarle aunque tan malherido que murió a los pocos minutos. Ningún alpinista que se acerca al K2 desconoce el relato del accidente que se llevó a uno de los grandes de la historia del alpinismo.

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