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Posted by on Mar 28, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró recuerda el inesperado encuentro en Skardu con Goretta

Valentín Giró recuerda el inesperado encuentro en Skardu con Goretta

El regreso desde el Campo Base del K2 (5.100 m) hasta Skardu fue una marcha triste y agotadora en la que cruzamos el Gondogoro-La hasta alcanzar la aldea de Hushé

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

No nos hicieron falta muchas palabras; ella sabía mejor que nadie lo que supone perder a alguien amado en la montaña

El regreso fue una marcha triste y agotadora hasta Skardu, todo lo contrario de la llegada. Mi mente la ocupaba Manel y los recuerdos de una vida en la que habíamos compartido pasiones y sueños, palabras, sonrisas y complicidades. No me hacía entonces a la idea, pero el proceso del duelo iba a ser largo y me iría ayudando a honrar lo que juntos vivimos y mantener su legado vivo en mí, de distintas formas y en diferentes momentos. A un amigo nunca se le pierde, una vez entra en tu vida forma parte de ella, es un pacto eterno.

Hasta la llegada a Skardu el silencio había sido nuestro compañero de viaje. Nos costaba hablar de lo que había sucedido, y cada uno de nosotros se resguardaba en su propio espacio. Se produjo entonces un encuentro inesperado: en nuestro mismo hotel estaba Goretta, la compañera de Renato Casarotto. No nos hicieron falta muchas palabras; ella había conocido a Manel pocos días antes de iniciar el ataque a la cumbre y sabía mejor que nadie lo que supone perder a alguien amado en la montaña, en aquella montaña y en aquella vía. Su abrazo y su presencia fueron en aquel momento un regalo muy especial, lleno del cariño que semanas antes el propio Manel le había ofrecido a ella en el CB del K2.

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