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Posted by on Dic 28, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró recuerda los días de mal tiempo y la espera en el Campo Base

Valentín Giró recuerda los días de mal tiempo y la espera en el campo base

El viento intenso nos obligó a detenernos momentáneamente y descender al Campo Base

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

El viento intenso nos obligó a detenernos momentáneamente y descender al Campo Base

A mediados de julio tuvimos una semana entera de mal tiempo, con mucha nieve y fuertes vientos en altura. Aguantábamos el chaparrón retenidos dentro de nuestras tiendas, incómodos y con frío pero disfrutando también de las formas que el viento dibujaba en las nubes y sobre las cumbres. Este viento intenso nos obligó a abandonar momentáneamente el espolón y descender al CB, desde donde hicimos salidas de mantenimiento de la ruta por el glaciar Fillippi, aguardando el momento de volver a subir de nuevo a la montaña. En nuestro Diario del 15 de julio registrábamos lo siguiente: “Las previsiones meteorológicas no se han equivocado y el mal tiempo, con vientos fuertes, ya ha llegado. Hemos descendido al Campo Base. Según parece, el viento irá en aumento durante el fin de semana”.

El resto de expediciones, que avanzaban mucho más rápido que nosotros por la vía normal de los Abruzzos, no habían logrado aún la cumbre hacia el 20 de julio, tras más de un mes de trabajo. Eso provocaba algunas inquietudes y preocupaciones – también algunos reproches – en el CB, que nos llegaban incluso a pesar de nuestra posición más alejada. Abriendo vía, algunos grupos trabajaban más que otros que, “yendo a rueda”, minimizaban su desgaste y “guardaban” fuerzas para el ataque final a la cumbre. Alejados de las tensiones de la escalada por la ruta normal, y a pesar de ganar altura a un ritmo más lento, íbamos avanzando con la misma firmeza y convicción que el primer día, combatiendo el desánimo provocado por el mal tiempo con las ganas y la esperanza de poder aprovechar a fondo la siguiente oportunidad, la próxima ventana de buen tiempo que nos ofreciera la montaña.

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