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Posted by on Ene 23, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró reflexiona en torno a la partida de Jordi Tosas

Valentín Giró reflexiona en torno a la partida de Jordi Tosas

No cabía otra que agradecerle a Jordi Tosas su contribución y despedirle con un sincero y fuerte abrazo

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

No cabía otra que agradecer su contribución y despedirle con un sincero y fuerte abrazo

Confieso que en ningún momento llegamos a prever que podría darse una situación así. Éramos un equipo muy pequeño y pensamos que seguiríamos juntos hasta el final. Nuestra reacción fue de respeto y también de profundo reconocimiento; sin la fuerza y la destreza de Tosas no habríamos logrado instalar el Campo III sobre “el Púlpito”. Recuerdo que, aunque nos despedimos apenados, viendo como su figura desaparecía tras los bloques de hielo del glaciar Godwin-Austen, camino de Concordia, sabíamos que Jordi continuaría con nosotros, como uno más del equipo, ayudándonos desde su casa en Benasque. Los cuatro que quedábamos, hicimos entonces una votación que, casi como un acto simbólico, dio como resultado la decisión unánime de continuar adelante, decididos a instalar cuanto antes el Campo III y dejar la vía abierta y en condiciones para poder lanzar el definitivo ataque a la cumbre. Nos sentíamos aún fuertes y creíamos que podíamos conseguirlo con un escalador menos y así lo íbamos a hacer, también por él.

En una escalada como la nuestra, el compromiso personal era lo único que nos impulsaba hacia delante, unido a la confianza y la cooperación de un equipo donde el trabajo y el resultado común superaban, y en mucho, a la suma de las aportaciones individuales. Cuando Jordi, por razones obvias y muy comprensibles para todos, revocó su compromiso y decidió “bajarse” del proyecto, nuestro impulso no fue el de retenerle sino el de agradecer su contribución – su ayuda fue clave para superar los tramos más técnicos y para abrir la vía hasta el Campo III – y despedirle con un sincero y fuerte abrazo. No hubiera tenido ningún sentido para él, ni para nosotros como compañeros suyos, continuar escalando sin esa “chispa” que lo trajo a la montaña. Jordi así lo entendió y supo dar el paso, doloroso para él, de regresar a casa. Meses más tarde Jordi recordaba su adiós con Manel, al dejar el Campo Base: “Más que una pena, recuerdo su sonrisa, desde el primer momento hasta el final cuando marché. Se despidió de mí con un abrazo y con una sonrisa, como siempre… Y lo que tenemos lo llevamos dentro, pero la imagen que tengo de lo más trágico, por decirlo de alguna forma, porque la vida es trágica en cualquier momento, es la sonrisa y el abrazo de Manel y lo bien que nos lo pasamos todos juntos”.

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