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Posted by on Ene 21, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró reflexiona tras la avalancha del corredor Negrotto

Valentín Giró reflexiona tras la avalancha del corredor Negrotto

El K2 nos regaló una oportunidad de aprendizaje y una lección de humildad para salir fortalecidos

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

El K2 nos regaló una oportunidad de aprendizaje y una lección de humildad para salir fortalecidos

Conocíamos bien los riesgos que entrañaba escalar este corredor, sobre todo el de desprendimiento de avalanchas, especialmente tras días de intensas nevadas. Nuestro error de salir a escalar ese día fue fruto de la premura que teníamos por progresar en la vía y de nuestra incapacidad para controlar la ansiedad provocada por tantos días de inactividad en el CB debido al mal tiempo. Fuimos arrogantes y jugamos a ser más fuertes que la montaña. Con tantos años de alpinismo a nuestras espaldas creímos saber decidir, por supuesto mejor que nadie; cuándo se puede y cuando no se puede salir a escalar.

Al hacerlo, sin embargo, violamos una de las reglas de oro del alpinismo: la que dice que tras nevadas intensas uno debe aguardar a que la nieve se estabilice y que descienda el riesgo de desprendimiento de avalanchas… ¡es algo que hasta un principiante conoce y respeta!. Recuerdo que cuando todo pasó, y viendo que salíamos completamente ilesos, descendimos agotados hasta el CB donde hablamos sobre lo que había sucedido. Pero nuestras primeras conversaciones esquivaron lo que acababa de ocurrir, como queriendo esconderlo bajo la mesa de nuestra tienda-comedor.

Sólo cuando uno de nosotros, creo que fue Manel, dijo: “Hoy nos ha ido mal, pero ¡Nos podría haber ido mucho peor!” fue posible reconocer nuestra equivocación y comenzar a idear la mejor forma de corregir nuestro plan para poder así escalar más seguros entre el CB y el Campo I del Collado Negrotto. Modificamos entonces nuestro horario de escalada, comenzando bien entrada la noche, cuando las bajas temperaturas tienden a estabilizar mejor la nieve, y alcanzando los 6.400 m del collado con las primeras luces del día. Con este incidente, pienso que el K2 nos regaló una oportunidad de aprendizaje y una lección de humildad para que, tras hacer autocrítica, saliéramos fortalecidos. ¡Cuán a menudo nuestro ego de “expertos” nos ciega con la arrogancia! Cuántas oportunidades de aprendizaje perdemos si somos incapaces de observar con una mirada humilde!.

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