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Posted by on Dic 16, 2013 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró reivindica el alpinismo pasional y genuino

Valentín Giró reivindica el alpinismo pasional y genuino

El equipo de la Magic Line del K2, en el Campo Base. Messner dijo en su día que la Magic Line era una “sinfonía de ascensión”

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Messner dijo en su día que la Magic Line del K2 era una “sinfonía de ascensión”

Recuerdo estar mirando hacia arriba aquel primer día, repasando la vía con mimo, observando las tremendas proporciones de un recorrido descomunal de roca y hielo, que ascendía imparable, perdiéndose más allá de las nubes. Más de una vez en esos primeros momentos sentí dudas acerca de dónde llegarían mis fuerzas escalando. Pero no había lugar para las vacilaciones, y al día siguiente de llegar al CB ya cogimos las mochilas y nos fuimos a explorar el inicio del itinerario hacia el glaciar Fillippi, una resquebrajada masa de hielo en movimiento con profundas grietas que nos resultaron poco tranquilizadoras y que serían nuestro primer obstáculo en la vía. Desde ese primer día el trabajo fue constante e imparable, cada vez más exigente, pero fuimos tomando decisiones y resolviendo imprevistos sin perder nunca las ganas de disfrutar en nuestra escalada, de vivir el proceso en cada momento y, por supuesto, de intentar alcanzar finalmente la cumbre.

Nuestra forma de ser y de hacer merecería, meses después, un reconocimiento como el que recibimos en la publicación Explorersweb: “Este equipo ha sido sin lugar a dudas, y entre las numerosas expediciones que han acudido al K2 en este 50º aniversario, diferente al resto: los cinco alpinistas catalanes de la Magic Line han escogido en este año la vía más difícil para intentar la cumbre, han escalado en ella las veinticuatro horas del día y nos han enviado comunicados precisos y puntuales, con las imágenes más increíbles que podíamos imaginar. No han tenido ninguna queja respecto a otros equipos y nos han transmitido que disfrutaron siempre de la escalada”.

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