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Posted by on Mar 17, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró relata la dramática pérdida de Manel de la Matta

Valentín Giró relata la dramática pérdida de Manel de la Matta

El collado Negrotto (6.400 m), lugar donde emplazamos nuestro Campo 1 y donde falleció Manel de la Matta, a consecuencia de una peritonitis, en la madrugada del 19 de Agosto de 2004

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

“No podía ser lo que Óscar me decía,…Manel iba a resistir, él siempre resistía más que nadie”

Con las primeras luces del día, cuando ya encarábamos el collado Negrotto, dejó por fin de nevar y logramos ver de lejos la tienda del Campo I, sepultada de nieve, y alguien que salía de ella. Coro desde el CB, que escrutaba la montaña con los prismáticos atento a nuestro intento de rescate, nos confirmó por radio que se trataba de Óscar. En aquel momento tuve un respiro, un instante de tranquilidad momentánea, interrumpida bruscamente cuando de repente vi que Óscar empezaba a rapelar, descendiendo hacia nosotros. “¿Y Manel? ¿qué había ocurrido? ¿por qué Óscar bajaba solo?”. Era pronto para imaginar lo peor, la esperanza era más fuerte que un mal presentimiento. En mi cabeza buscaba explicaciones para esa salida de Óscar de la tienda del Collado Negrotto: tal vez Manel seguía encontrándose mal y necesitaba más medicamentos; tal vez Óscar bajaba a por ayuda viendo que, tras su aviso y con la nieve recién caída, nosotros nos retrasábamos.

El margen de posibilidades aún era amplio mientras Óscar se acercaba, pero al llegar junto a nosotros bastó mirarle a los ojos para que se desvanecieran todas mis esperanzas. En estado de shock, desgastado física y emocionalmente, descargó toda la angustia contenida tras las largas horas de soledad y agonía que había vivido junto a Manel. Nos gritaba, desesperado, una y otra vez: “¡Manel ha muerto!”, y esas tres palabras aún detonan en mi memoria el halo fantasmal del horror, el frío del alma, el vacío y la incomprensión. “¿Cómo era posible? Manel… Manel no podía haberse ido; Manel seguiría enfermo, muy enfermo posiblemente, en la tienda del Campo I, Óscar no podía estar en lo cierto; Manel iba a resistir, él siempre resistía más que nadie; llegaríamos con los medicamentos y nos lo bajaríamos”.

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