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Posted by on Ene 2, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró rememora el sentimiento que causó el hallazgo de Casarotto

Valentín Giró rememora el sentimiento que causó el hallazgo de Casarotto

En lugar de llenarnos de temores, aquel encuentro nos colmó de esperanzas y de fuerza

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

En lugar de llenarnos de temores, aquel encuentro nos colmó de esperanzas y de fuerza

Pero el movimiento constante de las placas profundas de hielo a lo largo de tantos años había hecho emerger, justo en aquel momento y ante nosotros, los restos del mítico alpinista que intentó la Magic Line en solitario y estuvo tan cerca de lograrlo en 1986. Lo improbable y lo azaroso se habían unido allí y entonces para que nosotros, que casi veinte años más tarde intentábamos la misma hazaña, lográramos recuperar los restos de Renatto. Si es cierto que la vida nos da señales en momentos cruciales, el hallazgo de los restos de Renato Casarotto nos estaba poniendo ante la muestra más palpable del desafío al que nos enfrentábamos, de sus peligros, pero también del sentido profundo que tenía para todos estar allí, dispuestos más que nunca si cabe a cumplir aquel sueño compartido con Renato y que él no pudo alcanzar. Íbamos a lograr coronar la cumbre del K2 por la Magic Line, lo íbamos a hacer por él, por Goretta, por todos los que los que con la misma pasión que nosotros se habían enfrentado antes a aquel magnífico titán de roca, hielo y nieve. En lugar de llenarnos de temores, aquel sorprendente encuentro nos colmó de esperanzas y de fuerza. Éramos solo cinco alpinistas, pero sabíamos lo que teníamos que hacer, cómo hacerlo e íbamos a luchar por ello hasta las últimas consecuencias.

Para la confirmación de la identidad de los restos hallados llamamos al editor de una conocida revista de alpinismo, que fue quien nos puso en seguida en contacto con Goretta, la viuda de Casarotto, que había decidido dejar su cuerpo en la montaña en 1986 tras el accidente. Al hacerle la descripción de los materiales encontrados, Goretta confirmó que se trataba, sin duda alguna, de los restos de Renato. Con una gran emoción y respeto, trasladamos con su aprobación los restos al Memorial Gilkey, el promontorio rocoso cercano al CB que alberga a numerosos alpinistas fallecidos en el K2, y le enterramos. Fue una ceremonia discreta y muy sentida, un acto simbólico y muy especial para nosotros. Nos sentíamos muy próximos a la forma en que Renato había entendido y amado la montaña, identificados con el mismo sueño de la Magic Line que él había emprendido en solitario y que nosotros, casi veinte años después, estábamos de nuevo intentando.

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