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Posted by on Feb 8, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró rememora los momentos que vivió con la visita de su padre

Valentín Giró rememora los momentos que vivió con la visita de su padre

Tener que prescindir de ese encuentro fue especialmente duro en aquel momento

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Tener que prescindir de ese encuentro fue especialmente duro en aquel momento

Me costó reponerme de la noticia de que el grupo de trekking en el que venía mi padre había decidido regresar a Islamabad, porque más que nunca necesitaba el abrazo de mi padre. Gracias a él aprendí a amar y a disfrutar la montaña, y con él he compartido y sigo compartiendo grandes experiencias. Mi padre sigue hoy en día, a sus setenta y cinco años, practicando el montañismo y conoce al dedillo muchos rincones del Pirineo a los que a menudo se escapa. En ocasiones yo le acompaño: en invierno o primavera con los esquís de travesía y en verano y otoño simplemente paseando y realizando ascensiones a montañas que son para nosotros como viejas conocidas, ya que han visto cómo varias generaciones de la familia llegaban hasta su cumbre y recorrían sus aristas y laderas.

Este legado familiar de aficiones, ilusiones y sueños montañeros sigue muy vivo aún para mí en nuestros Pirineos. Por eso, tener que prescindir de ese encuentro fue especialmente duro para mí en aquel momento. Pero, a pesar de todo, la escalada de la Magic Line llegaba a sus momentos más decisivos y el empuje final para lograr el éxito de la expedición lo llenaba todo en aquellos días previos al ataque final, con lo que reconecté lo antes que pude toda mi energía con el propósito de nuestro proyecto.

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