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Posted by on Feb 24, 2014 in La Magic Line del K2, Valentín Giró

Valentín Giró señala lo que implica escalar en solitario en la «Magic Line» del K2

Valentín Giró señala lo que implica escalar en solitario en la Magic Line del K2

Coro debía alcanzar el punto más alto del K2 para escapar de la vía a través de la cumbre

 

En junio del año 2004 un pequeño equipo de cinco alpinistas – Óscar Cadiach, Manel de la Matta, Jordi Tosas, Jordi Corominas y Valentín Giró – partimos, rumbo a Pakistán, con un gran sueño a cuestas: escalar el K2, la “Montaña de las montañas”, por la vía Magic Line. Con sus 8.611 metros de altura el K2 no es únicamente la segunda cumbre más alta de la tierra. Su desnivel y verticalidad la convierten en el único ochomil que permite divisar, desde el Campo Base, a un alpinista que esté situado en la misma cumbre. Se dice del K2, por su dimensiones, que es una montaña que empieza donde otras acaban. Estimado lector, a través de mi Blog quiero compartir contigo esta historia que ha marcado mi vida para siempre, por lo que viví y aprendí, pero, sobre todo por lo que en ella perdí. La historia de la Magic Line del K2 narra cómo cinco alpinistas que compartían unos valores se entregaron para hacer realidad un ambicioso sueño. Espero poder transmitirte fielmente todo esto y mucho más a lo largo de sucesivos posts que iré publicando.

Coro debía alcanzar el punto más alto del K2 para escapar de la vía a través de la cumbre

Jordi Corominas sabía mejor que nadie lo que significaba escalar en solitario y a gran altura, por una vía de extrema dificultad. Sabía que no podía cometer ni un solo error, que un paso en falso o un pequeño resbalón, una presa mal elegida o un movimiento mal calculado le harían precipitarse a un abismo de más de 3.000 m. Escalando en solitario, Coro ganaba altura sin compañero alguno que lo asegurase, con quien compartir también la “carga” de una meditada y valiente decisión.

Coro escalaba también a contrarreloj, sabiendo que le quedaban ya pocas horas de buen tiempo y debía ir lo más rápido posible, cada vez a más altura y a cada paso más desgastado. Sabía que la “ventana” favorable se cerraba inexorablemente y el K2 volvería a ser, como de costumbre, un lugar inhóspito, y que tenía que salir de allí antes de que eso ocurriera. Por eso Jordi subía sin poner anclajes intermedios ni otro sistema de seguridad; tampoco sus fuerzas le hubiesen permitido mover la pesada carga que supone este material.

Pero lo más inquietante para nosotros, sin duda, era saber que Coro no tenía vuelta atrás; debía alcanzar – sí o sí – el punto más alto del K2 para escapar de la vía a través de la cumbre, descendiendo por la ruta de los Abruzzos, ya que intentar hacerlo por la Magic Line y sin seguridad alguna, hubiera sido un suicidio. Con cada paso hacia arriba, con cada metro de desnivel ganado, Coro abría un camino sin retorno.

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